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Eslabón 150 – Emancipación de la mujer y debate sobre el aborto

A propósito de la formidable movilización del 8 de marzo

Mauricio Macri habilitó la discusión sobre el aborto en el Congreso Nacional. No sólo se adelantó a una movilización previsible (y tomar la iniciativa en política es alcanzar una media victoria), sino que puso de manifiesto el contenido profundamente reaccionario de la administración anterior, presidida por una mujer y supuestamente pprogresista.
Se ha interpretado este hecho como una victoria de la movilización femenina que precedió al anuncio. Ésa es una media verdad. La movilización puso sobre el tapete una antiquísima demanda de las mujeres en todo el mundo y colocó al gobierno ante una realidad insoslayable. La otra mitad de esa verdad es menos tranquilizadora: muestra la capacidad de la burguesía para asimilar y cooptar consignas de los oprimidos, integrándolas al funcionamiento regular y controlado del sistema. Una prueba más, por si hiciese falta, de los estrechos límites de cualquier demanda femenina que no vaya a la raíz del problema y cuestione al sistema que requiere y promueve la desigualdad, la
cosificación, la sumisión.
A la vez, el desvío de los sectores feministas que en su lucha contra el machismo adoptan el lenguaje, el estilo y las formas impuestas a la sociedad por el autoritarismo patriarcal en su desdoblamiento político, acentúa la incongruencia de una propuesta de lucha encerrada en sí misma. Cuando se redactan estas líneas el presidente de Estados Unidos acaba de designar a una mujer como titular de la CIA. Se sabe ahora que esta distinguida señora dirigió un centro clandestino de detención y torturas. Es la victoria perfecta de la asimilación de la“igualdad de género” en la sociedad capitalista.
Es un debate antiguo, que ultrafeministas de hoy ignoran y ocultan. Para las y los jóvenes que hoy se interesan y asumen las irrenunciables banderas de la emancipación de la mujer será útil estudiar los fun- damentos de las más avanzadas figuras de esa lucha, como lo fue Clara Zetkin, promotora de la celebración del 8 de marzo como día de la Mujer.

En 1910 se celebró en Copenhagen la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en pos de los derechos de las mujeres; en ella, y por una propuesta de Clara Zetkin, se aprobó instituir el día 8 de Marzo como Día de la Mujer Trabajadora, lo que fue aprobado por unanimidad por más de 100 mujeres de 17 países, celebrándose a partir de 1911.
Ello en homenaje a las 120 obreras que murieron un 8 de Marzo de 1908 a consecuencia de un incendio que se produjo en la fábrica Cotton Textil Factory, en Washington Square, en Nueva York, cuyas aberturas fueron cerradas por sus dueños, en el marco de una huelga de 40.000 costureras industriales de muchas grandes fábricas de EEUU.
Clara juega un papel activo en el nacimiento de la Segunda Internacional en París en 1889, donde presentó por primera vez un informe sobre el papel de las mujeres en la clase obrera y el movimiento socialista, haciendo del trabajo una herramienta fundamental de su emancipación.
En Las trabajadoras y la cuestión de la mujer en nuestro tiempo aborda la dimensión específica de la situación de la mujer. Dice allí:
“Las relaciones de producción revolucionaron la ubicación de la mujer en su base económica… y al mismo tiempo colocaron el fundamento para su nueva actividad dentro de la sociedad…”
“O sea que la cuestión de la plena emancipación de la mujer se manifiesta en última y decisiva instancia como una cuestión económica, que se encuentra ligada en lo más íntimo con la cuestión obrera en su conjunto y que solo puede ser solucionada definitivamente en vinculación con ella. La cuestión de la mujer y la cuestión del trabajador se encuentran unidas inseparablemente y encuentran su solución final en una sociedad socialista basada en la emancipación del trabajo de la sociedad de los capitalistas”.
“El movimiento solo “por los derechos de la mujer” puede lograr determinadas ventajas en determinados puntos, pero nunca puede solucionar la cuestión de la mujer.
Como vemos Clara Zetkin parte su análisis desde el punto de vista de la sociedad de clases. Ello no quita el requerimiento de la lucha por mejorar la vida de las mujeres en todos los aspectos, como ser la igualdad de salario, la licencia por maternidad, etc.
Asimismo abogó por la legalización del aborto como un derecho de la mujer a disponer de su cuerpo. En cuanto a derechos civiles en una conferencia de mujeres en Stuttgart en 1907, Clara Zetkin aprobó una resolución en la que se especifica que “los partidos socialistas de todos los países tienen el deber de luchar vigorosamente por la introducción del sufragio universal para las mujeres“.
Ese punto de vista de clase también fue planteado por Lenin en el segundo aniversario de la Revolución Rusa, el 06/11/2019, cuando decía: “No puede existir, no existe ni existirá jamás auténtica libertad mientras las mujeres no sean liberadas de los privilegios que la ley concede a los hombres, mientras los obreros no se liberen del yugo del capital, mientras los campesinos trabajadores no se liberen del yugo del capitalista, del terrateniente y del comerciante.”
“¡Abajo los mentirosos que hablan de libertad e igualdad para todos mientras existe el sexo oprimido, mientras existan clases opresoras, mientras exista la propiedad privada sobre el capital y sobre las acciones,”… (1)
Como marxistas es importante que partamos en nuestro análisis desde este enfoque, dado que lo más común en el movimiento feminista es hacerlo desde el patriarcado, o sea desde la situación de opresión de la mujer por parte del hombre en el seno de la familia. La lucha contra esta opresión es totalmente válida y necesaria, y tiene que ver con la lucha por el mejoramiento de las condiciones de vida de las mujeres, pero no soluciona la situación de fondo que atañe tanto a hombres como a mujeres, y que es la explotación capitalista.
Podríamos decir que tanto entre los marxistas como en el movimiento obrero en general, debe estar claro que hay dos luchas: contra la opresión a nivel de la relación de pareja, en la familia, contra la explotación capitalista hombro a hombro, hombres y mujeres.
En otras palabras, hay dos luchas paralelas: contra el patriarcado que se da en todas las clases sociales por lo cual todas las mujeres pueden involucrarse en esa lucha; y la lucha contra el sistema capitalista que explota igualmente a mujeres y hombres, que es el enemigo común de los trabajadores y trabajadoras por igual, por lo que requiere de la unidad en la lucha por la superación del sistema de explotación y la construcción de una nueva sociedad sin explotadores ni explotados, una sociedad socialista.
Por eso el feminismo no es un “anti”, es un “por”: no es anti-machismo, es por los derechos de la mujer trabajadora en paridad con el hombre. Con su incorporación de la mujer al trabajo en la sociedad, es necesario mejorar sus condiciones de vida con guarderías infantiles, jardines de infantes, transportes escolares, actividades extraescolares, lavanderías, comedores, etc. etc.; y dentro de la familia, con el compartir las tareas entre marido y mujer. Legalizando, no solo despenalizando, el aborto, haciéndolo seguro y gratuito, enmarcado en el derecho a la salud y la vida.
Todo ello sin perder la mirada estratégica, construyendo la herramienta política de las masas de trabajadores y trabajadoras para el acceso al poder, necesario para la construcción de una nueva sociedad, socialista, que acabe con toda opresión y explotación.
(1) Lenin, Vladimir Ilich, El poder soviético y la situación de la mujer. OC, T 30, 114-117