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Eslabón 147 – Coyuntura histórica de la clase obrera en Argentina – A 100 años de la Revolución Rusa

Noviembre 2017.- Con las elecciones legislativas del pasado 22 de octubre se consolidó en un doble sentido la correlación de fuerzas sociales formalmente vigente desde diciembre de 2015. Por un lado el gran capital afirma su hegemonía frente a corsarios fallidos que hoy pueblan las cárceles de Ezeiza y Marcos Paz. Por el otro, la burguesía se reagrupa en amplio frente único contra la clase obrera y el conjunto del pueblo oprimido.
Por obra de diferentes factores la clase obrera se encuentra en un estado de fragmentación, confusión y parálisis como nunca antes en 140 años de existencia. Entre estos factores está, y de manera preponderante, el papel de estructuras remanentes de organizaciones revolucionarias de épocas anteriores.
El factor circunstancial que agravó al extremo la degradación e irreversible descomposición de las organizaciones obreras y sus dirigencias fue el peronismo en su fase denominada kirchnerista.
Llegado al poder como resultado del fracaso en el último tramo de la estrategia burguesa para recomponer el poder político de las clases dominantes tras el estallido de 2001, Néstor Kirchner apeló a un falaz y caricaturesco discurso “nacional y popular” para hacerse de una base social que no podía obtener con otros recursos.
Lo logró parcialmente y durante poco tiempo, mientras a través de testaferros sumaba capital a sus arcas, para lo cual integró su gobierno con un conjunto de sátrapas y bandoleros jamás antes reunidos en un proyecto con fachada política. Uno de ellos, quien estuvo durante doce años en el ministerio de Trabajo, alentó la creación de 1400 nuevos sindicatos. Esa labor, en línea con la estrategia de la burguesía tradicional, produjo la pulverización organizativa de las masas trabajadoras. A esto se sumó la cooptación de cabezas sindicales por fuera de la dirigencia tradicional, hasta completar la destrucción del movimiento sindical combativo iniciada un cuarto de siglo antes por el Frepaso con fervorosa colaboración de la CTA.
En tanto, un sector de la izquierda se sumó sin pudor al gobierno y otro creyó encontrar su salvación como oposición parlamentaria. Así, un núcleo de advenedizos dispuesto a reemplazar con su presencia a la inexistente burguesía nacional, hizo una contribución decisiva para descabezar al movimiento obrero y emascular a la izquierda revolucionaria.
Sin raíces ni descendencia, incapaz de crear nada, esa corriente tuvo sin embargo una formidable capacidad destructiva. Presentada por demasiadas figuras de diferente procedencia como potente edificadora del futuro nacional, fue la palanca requerida por la crisis capitalista para dar un mazazo final a la sociedad argentina, envileciéndolo todo, a comenzar por lo poco que restaba de la cultura y la moral colectivas.
Mientras esto se desarrollaba, con increíble impudicia, haciendo gala de impar ignorancia y altanera chabacanería de nuevo rico, apenas hubo voces para denunciarlo desde la perspectiva de la clase obrera, el pueblo en su conjunto y el proyecto de unidad latinoamericana. No hubo una vanguardia con fuerza suficiente que interpretara el curso de los acontecimientos y tuviera la capacidad para preparar el salto de calidad necesario cuando llegara el inexorable final. Cuando la crisis estructural del sistema puso límite a esta aventura rapaz, la respuesta quedó en manos exclusivas del propio capital.
Ésa es la situación en las postrimerías de 2017.

Responsabilidades
Es absurdo ahora centrar cualquier política en la condena a Macri y sus obvios intentos de poner orden en el país burgués. Era necesario orientar a las mayorías hacia un país diferente, hacia el socialismo. Era necesario aunarse en un frente antimperialista latinoamericano, el Alba. Era necesario denunciar a ladrones, desvergonzados e incompetentes encaramados en el poder.
Absurdo esperar otra conducta de cualquiera de las estructuras políticas de la burguesía. Mucho menos del gobierno de Mauricio Macri apoyado en el capital más concentrado y en los restos de la socialdemocracia. Absurdo también esperar un comportamiento diferente al de las últimas tres décadas no ya de sindicalistas empresarios de la CGT, sino también de dirigencias sindicales que tras haber cometido todos los errores y defendido todas las concesiones al sistema corren ahora a buscar refugio bajo la sotana del papa y lloriquean porque el jefe espiritual de la explotación mundial no los recibe.
¿No les basta con haber hundido la posibilidad de un partido de masas de los trabajadores para llegar a obtener el 0,36 de los votos como polizontes en el tren desvencijado del lumpenaje político? ¡¡¿Hasta dónde están dispuestos a degradarse?!! Irreparable vergüenza.
En cambio sí se debe exigir un comportamiento diferente de quienes nos consideramos revolucionarios/as anticapitalistas. Es preciso un balance neto de lo actuado desde el regreso de la institucionalidad en 1983. Sin concesiones; con base teórica y estrategia anticapitalista; desechando la defensa de ínfimos aparatos asociados al sistema; poniendo en el lugar que les corresponde a pseudo liderazgos construidos en base a afiches pegados de a millones en campañas electorales, con rostros individuales como todo programa. Rechazando charlatanes que invocan el marxismo para encubrir su completo desapego al estudio de la teoría científica de la revolución social y ocultar el ramplón pragmatismo desde donde deciden posiciones.
Es preciso llegar a la raíz de las políticas que llevaron a la frustración de 2001, cuando era posible dar un salto cualitativo en la lucha por el poder; al entronizamiento de Eduardo Duhalde como portavoz del frente único burgués que ahora ha recuperado el poder; a la estafa moral más grave sufrida por la clase obrera, las juventudes y el pueblo humilde con la afirmación de Kirchner y su cónyuge durante 12 años de inédito hundimiento del país.

Recomponer fuerzas
Quema la pregunta obvia: después de tanto desastre: ¿dónde puede afirmarse un proyecto de recomposición de fuerzas? No obstante las dificultades, ensayaremos una respuesta.
Eslabón no condena ahora al gobierno anterior, cuando sus protagonistas esperan turno para declarar ante jueces venales a los que hasta hace poco subyugaron. No lo dice ahora que un fantochesco vicepresidente ya está preso junto a ministros y altos funcionarios; cuando una catarata de juicios por descarado enriquecimiento ilícito aguarda a la ex presidente.
Eslabón denunció el asalto a los restos irreparables de la república burguesa cuando Néstor Kirchner y los suyos llegaron al poder. Apenas apareció en el escenario calificamos al Frente para la Victoria como “aguantadero temporario”. La Unión de Militantes por el Socialismo pagó alto precio por estas afirmaciones. Era necesario para intentar evitar el costo que sobrevendría el conjunto de la nación y en particular por los trabajadores y las juventudes. Pero en la práctica fue ineficaz, inútil. La conjunción de burguesías desesperadas, imperialismos empujados al desenfreno por su propia crisis, todo apoyado en la inexistencia de una vanguardia revolucionaria consciente, llevó al país a una coyuntura de inédita gravedad.
Macri obtuvo oxígeno merced a la propia asfixia del sistema mundial, que obliga al capital a huir hacia cualquier lugar donde obtenga un interés superior al ofrecido por el primer mundo en crisis. Pero eso es sólo una postergación del desenlace fatal. Puede haber un interregno en Argentina. No será por mucho tiempo. Si nada irrumpe desde el exterior como tromba devastadora, hasta pueden pensar en una reelección en 2019. Ya han anunciado ese propósito. Y hasta hay quienes se preparan para 2023. Desde los restos del peronismo, en cambio, piensan que tendrán otra oportunidad recién en 2023 o 2027. Ciencia ficción… sin ciencia.
Mucho antes de eso la corrosión del sistema generará respuestas desde las columnas genuinas de la sociedad. La cuestión es qué respuesta se dará a la lucha social espontánea desde quienes se consideran vanguardia anticapitalista.
¿Está la perspectiva de fortalecimiento de una organización revolucionaria en participar de cuanta marcha o corte de calles convoque de manera espontánea un sector afectado de la sociedad? ¿Será tratando de convertir un despido fabril en “neoliberalismo salvaje” como se concientizará a la clase obrera que deberá soportar la neta e incontestada hegemonía burguesa? ¿O será apelando al “neoliberalismo” como pseudónimo del capitalismo para organizar una resistencia efectiva frente a la arremetida del capital?
No. Habrá que recordar qué es la sociedad de clases, la justicia burguesa, la represión necesaria del sistema para sostenerse incluso con máscara democrática. Porque las enseñanzas básicas de la teoría científica de la lucha de clases han sido olvidadas o tergiversadas por una prolongada y muy honda crisis global del pensamiento revolucionario.
Aunque no es previsible el ritmo, es seguro que la lucha social crecerá sin pausa en el próximo período. Desde dentro de ellas, la vanguardia teórica que pretenda merecer esa calificación deberá esforzarse por educar a las vanguardias espontáneas del movimiento obrero, de los/as estudiantes, de los sectores medios del campo y la ciudad ahogados por el capitalismo en crisis.
De menor a mayor, con quienes compartan y asuman esas enseñanzas, se irán recomponiendo las filas de organizaciones obligadamente dispersas, cuya segunda tarea será tratar de hallar un punto de unión con el doble objetivo de unidad social y política de las grandes masas y de recomposición de las fuerzas marxistas, entonces depuradas por la travesía a la que obliga la situación actual.
Sin perspectiva socialista que enfrente cualquier forma de demagogia ante desvíos de la lucha de clases, la desagregación social creciente llevaría al fascismo. Es lo que habremos de asumir todos/as quienes luchamos por la revolución socialista.
20 de noviembre de 2017

A cien años de la revolución socialista en Rusia

La primera Revolución de febrero de 1917 logró terminar con el régimen monárquico zarista e instauró un nuevo gobierno burgués encabezado por Kerensky. Transcurría aún la matanza en el frente de la Primera Guerra Mundial. Los soldados comenzaban a confraternizar y miles de ellos regresaban a sus hogares. La situación era caótica: hambre, destrucción de bienes y viviendas, desorganización del aparato productivo. El líder del POSDR Vladimir I. Lenin exiliado en Suiza procuraba regresar a su patria para organizar a los revolucionarios.
Los dirigentes revolucionarios de la época imaginaban que la revolución socialista se produciría en los países de gran desarrollo capitalista: Alemania, Francia, Inglaterra y que ello arrastraría al resto de los países a la instauración del socialismo a nivel mundial. Sin embargo esta secuencia no se dio así, las revoluciones en marcha fueron aplastadas y Rusia se convirtió en el eslabón más débil, con condiciones óptimas para la toma del poder.
En abril de 1917, en su viaje de regreso Lenin elabora la consigna de: “Todo el poder a los Soviets” o sea a los Consejos de obreros, campesinos y soldados que se formaban a lo largo de todo el país, y de hecho anticipaban la conquista del poder. Lenin produce entonces lo que se conoce como las Tesis de Abril.
En ellas planteaba pasar de una primera etapa del poder en manos de la burguesía a una segunda etapa del poder en manos del proletariado y de los campesinos pobres. Ni el menor apoyo al Gobierno Provisional, un Gobierno de capitalistas, en vez de exigir que deje de ser imperialista. No a una república parlamentaria, sino una república de los Soviets. Sustitución del Ejército por el pueblo en armas. Confiscación de todas las tierras de los terratenientes, fusión de todos los bancos en un Banco Nacional, control de la producción social y de la distribución, todo en mano de los Soviets. (Comp. Lenin, V. I: Tareas del proletariado en la actual revolución. Obras Completas, T. XXIV, Pp.9 a 16. Edit. Cartago Buenos Aires 1958.)
Por su lado León Trotsky, Presidente del Soviet de Petrogrado, coincidía con Lenin en el llamado a la toma del poder por parte de los Soviets.
Las propuestas fueron acaloradamente debatidas en el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, donde finalmente los bolcheviques lograron la mayoría y buscaron encauzar el verdadero torrente de masas que transcurría espontáneamente y que necesitaba la convocatoria a un plan verdaderamente revolucionario. Entonces las masas conscientes y organizadas dirigidas por un partido de clase se lanzaron “al asalto al cielo” el 7 de noviembre de 1917. Se derrumbó el gobierno burgués y comenzaron las transformaciones de fondo para el inicio de un nuevo orden social, sin explotación del hombre por el hombre y la vigencia de las libertades y los derechos del pueblo trabajador.
. El mundo se conmovió al conocer los sucesos de Rusia. Impactó con fuerza en los países asiáticos y en distinta medida en el resto del mundo. Rusia fue sitiada por 14 naciones para aplastar a la Revolución, pero fracasaron pues el Ejército Rojo, fortalecido entre otros por 300.000 asiáticos musulmanes y 50.000 chinos habitantes siberianos, derrotó y expulsó a los invasores. Lenin por entonces participó en una reunión de los Comunistas de los Pueblos de Oriente, enfatizando la idea de una “lucha global combinada” contra el imperialismo y el régimen colonial.
En marzo de 1919 se fundó en Moscú la Internacional Comunista, partido mundial del socialismo. Por entonces el influjo revolucionario provocó la formación de partidos comunistas en muchos países de Europa, Asia y América.
Las condiciones favorables se basaban en las múltiples huelgas y movilizaciones obreras y populares, reprimidas salvajemente por los poderes de turno antes del 7 de noviembre a lo largo de toda América. La lucha de los negros y de los obreros y campesinos de Estados Unidos, la resistencia patriótica a las permanentes invasiones y anexión de territorios del poder estadounidense en los países del Caribe y América del Sur. Desde 1890 se organizaban con una composición internacional los obreros y trabajadores de Argentina. La juventud socialista se desprende de la dirección reformista y funda el Partido Comunista en 1918. Méjico, Chile, Perú, Cuba también se organizan políticamente.
¿Revolución permanente o socialismo en un solo país ?
En 1905 Trotsky plantea como necesaria la revolución permanente, esto es, una revolución que no establecía una barrera entre el derrocamiento del Zar, la liquidación del feudalismo y el inicio de la revolución socialista.
Desaparecido Lenin en 1924 se produce un fenómeno degenerativo de la construcción del socialismo con el rol de Stalin y sus partidarios que imponen paulatinamente un régimen policial, ajeno al contenido libertario del proyecto marxista.
Stalin sustenta la teoría de que es posible el socialismo en un solo país y este grave error va llevando paulatinamente a la Unión Soviética a un callejón sin salida. Millones de comunistas y trabajadores de todo el mundo fueron defraudados por este régimen, cundiendo el desaliento y la confusión en las masas populares.
A pesar de ello y presionado por las demandas de su pueblo y de los pueblos del mundo la dirigencia soviética debió apoyar a distintos procesos revolucionarios en los países coloniales y dependientes, aunque en forma menguada e inconstante.
Pese a la desviación teórica y práctica, el pueblo soviético conquistó derechos y elevó su nivel cultural, material y científico a escala mundial.
En América Latina, a la Revolución Cubana, sustentada en un pueblo digno y combatiente, llegó la ayuda soviética en diversos rubros. Esta Revolución facilitó con un ejemplo de internacionalismo proletario la derrota del apartheid en Sudáfrica y se convirtió en la nación más solidaria por los derechos de salud, totalmente alfabetizada y con niveles de escolaridad ejemplares.
En la actualidad el imperialismo pretende recuperar terreno en América del Sur, donde Venezuela y los países del Alba encabezan la lucha antiimperialista y por la revolución socialista. En clara contraposición el gobierno argentino de Macri encabeza a un grupo de gobiernos con apoyo norteamericano.
Vencer al imperialismo es posible y el camino está sembrado de enormes obstáculos. Los medios de comunicación no informan verazmente sino que propagandizan la persistencia del agonizante sistema. Fabulosas sumas se destinan a los presupuestos militares de las grandes potencias y ponen al mundo al borde de guerras que pueden extinguir a la especie humana. Una intrincada y refinada red de espionaje opera con la última palabra en tecnología informática de punta. “No es fácil…” decían los cubanos en el periodo especial.
Debemos salir de las trampas a que ha conducido la mentira sobre la envergadura de la Revolución Rusa; comprender las causas profundas de su derrumbe y conocer los hechos y personajes que pesaron en ese rumbo; embeberse de las luchas actuales dejando de lado toda pretensión de hacerlas encajar en la dinámica capitalista.
La audaz propuesta de Hugo Chávez a convocar a una V Internacional debería implementarse por todos los revolucionarios del mundo a fin de potenciar y organizar una lucha que termine con el capitalismo. Tarea pendiente para el período simbólicamente iniciado con el Centenario de la Revolución de Octubre.