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Eslabón 145 – Balance de una elección sin elegidos

Septiembre de 2017.-Como resultado de las Paso (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) del 13 de agosto, nadie fue elegido, porque este artilugio electoral inventado durante la presidencia de Néstor Kirchner ya no presta servicio a nadie, mucho menos a los herederos, como lo prueba la negativa de Cristina Fernández a competir con Florencio Randazzo y su insólita decisión de romper con el Partido Justicialista (PJ), en una más de sus disparatadas opciones políticas.
Pero si no hubo elegidos, sí hubo vencedores y vencidos. Las contundentes derrotas del peronismo en Córdoba, Capital Federal, Mendoza, La Pampa, San Luis y Santa Cruz, más el empate en Buenos Aires y Santa Fe, aunque en modo alguno presuponen los resultados en las verdaderas legislativas de octubre, significan un vuelco político de enormes proporciones y el dibujo de un nuevo mapa partidario del país, con el PJ y Fernández como víctimas principales. Hay que subrayarlo: a partir del 13 de agosto existe una nueva y muy diferente composición en el panorama de la institucionalidad burguesa en Argentina.
Convertidas en una suerte de costosa encuesta (2800 millones de pesos, en un país desfondado), las Paso mostraron el afianzamiento de Cambiemos y Mauricio Macri, a la vez que comprueban la acelerada agonía de Fernández y la pulverización del PJ. Puesto de otro modo: Cambiemos se presentó en todos los distritos del país; Fernández sólo en Provincia de Buenos Aires (aliados reticentes, esforzados en tomar distancia de la ex Presidente, lo hicieron en Capital Federal, Neuquén, Tierra del Fuego). Cambiemos aumentó 25 puntos respecto de sus resultados en 2015; Cristina Fernández obtuvo menos votos que su candidato Aníbal Fernández en la provincia de Buenos Aires, en 2015. Macri creció en votos en todos los distritos de Buenos Aires, menos uno: Avellaneda; Fernández perdió votos en todos esos mismos distritos, menos uno: Malvinas Argentinas. Con todo, en términos electorales los grandes perdedores de esta elección fueron los gobernadores peronistas y la dirigencia sindical cegetista. 
Como subproducto de este resultado principal, queda el fiasco del nuevo reformismo izquierdista, cuyas ilusiones de impetuoso crecimiento en el Legislativo se convirtieron en lo contrario.
Antes de poner números en respaldo de estas afirmaciones, corresponde analizar el vuelco electoral desde la única perspectiva que en realidad interesa: el desplazamiento de las clases registrado, siquiera con trazo grueso, por las Paso.
En primer lugar quedó confirmado el frente único burgués que, prácticamente en todo su espectro, respalda a Cambiemos y Macri. Esto incluye a buena parte de las cúpulas sindicales, que en esta oportunidad pesaron más por omisión que por acción. 
Inseparable de este dato, pero de mayor riesgo potencial, queda la evidencia de que un porcentaje considerable del proletariado en los centros de mayor concentración industrial, optó por darle la espalda al peronismo en cualquiera de sus variantes y le dio crédito a Cambiemos. 
Dicho de otro modo: sin alternativa propia, una franja considerable de la clase trabajadora se dejó arrastrar por el frente burgués. El resto optó por fórmulas no menos negativas: Massa-Stolbizer, Randazzo, Fernández. Con esta conducta los trabajadores dieron la espalda a candidaturas como las de Fernando Solanas-Pablo Michelli; Claudio Lozano, Víctor De Gennaro, que no sólo no pudieron obtener el mínimo para competir en octubre, sino que el más exitoso apenas se aproximó al 0,5%, poniendo una piedra más sobre la tumba de la CTA. 
Por su parte la ex Presidente tuvo una ventaja de 0,2% frente a un desconocido Esteban Bullrich (alegadamente odiado por los docentes a causa de su papel como ministro de Educación nacional) en la fórmula a Senadores, pero perdió por más de 2 puntos porcentuales frente a la candidata de cambiemos a Diputados. Nadie piensa que Fernández pueda remontar esta caída en octubre.
Mientras tanto, el Fit alcanzó a nivel nacional el 3,62%; IFS (Mst y Nuevo Más) el 1,14% (los dos principales dirigentes del MST, una en Provincia de Buenos Aires y otro en Capital Federal, obtuvieron aún menos votos y no lograron pasar a las elecciones de octubre); el FSP (De Gennaro y Binner) 0,52%; Patria Grande 0,41%; Encuentro por Tierra Techo y Trabajo (Luis D’Elía) 0,17%. En la provincia de Buenos Aires estos resultados contrastan con los 446.462 votos en Blanco (5%), 78.362 anulados (0,87%) y 38.343 impugnados (0,43%). Véase bien: los votos en Blanco, sólo en esta provincia, decuplicaron los resultados de quienes ostentan títulos de dirigentes sindicales y casi duplicaron los de la izquierda parlamentaria sumados. 
El paupérrimo desempeño del electoralismo socialdemócrata-socialcristiano y del neoreformismo izquierdista no es razón de preocupación para la militancia revolucionaria. Sí debe serlo que esta fuga electoralista, combinada con una lectura absolutamente errónea de la realidad y la dinámica políticas, dejó al proletariado, a las juventudes y a su propia esforzada militancia sin alternativas. Y dado la irreversible decadencia del PJ, el saldo es, como queda dicho, un afianzamiento de la coalición liberal-socialdemócrata conducida por un discípulo de José Aznar y Álvaro Uribe, todo con el respaldo macizo del gran capital. Quien haya seguido las páginas de Eslabón sabe que este resultado no podía sorprender sino a quienes se taparon los ojos.

Octubre
Esta neta hegemonía de clase tendrá consecuencias de corto, mediano y largo plazos. Todo indica que la verdadera elección, el 22 de octubre, ratificará y ampliará el desplazamiento de fuerzas en favor de Cambiemos y Macri, relegará a un lugar insignificante a Fernández y llevará al paroxismo la crisis interna del PJ. No es probable que la desaparición de Santiago Maldonado cambie este curso inmediato (Ver recuadro).
En breve resumen, caben dos posibilidades: Macri y los suyos se ensoberbecen con el triunfo y se lanzan, como piden a gritos los liberales de ultraderecha, al saneamiento imprescindible de la economía; o, por el contrario, reafirman un camino gradual, que combina medidas económicas con cambios políticos de fondo. 
Aunque en la superficie del oficialismo no se observa a nadie que brille por sus luces políticas, es de suponer que la burguesía tiene aún una reserva de cuadros con capacidad estratégica. Si esto fuera así, la opción sería sin duda por el gradualismo. De lo contrario, el país viviría a partir de marzo próximo un creciente malestar social. Allí se abriría espacio para la recomposición de un sindicalismo combativo y la consecuente posibilidad de edificar una alternativa de unidad social y política para las mayorías. También para que las actuales cúpulas sindicales intentaran reciclarse como combativas.
Es poco probable que la burguesía malogre el espacio ganado. En el escaso margen que la realidad económica y política le permite, Macri combinará una línea de acción exterior francamente contrarrevolucionaria mientras aplica con cuentagotas y paso a paso la misma concepción en el plano interno. 
Mediante una táctica gradualista, antes incluso que la adecuación de precios de combustibles, gas, electricidad, transporte y otros, el gobierno se abocará a acelerar por el camino del saneamiento en las cúpulas sindicales. Los pasos serían: apartar a los más ostensiblemente corruptos de los que parecen serlo menos (y sólo parecen) para negociar con unos mientras se escenifica el «combate a la corrupción»; con los demás, al menos en una primera etapa, negociar acuerdos laborales (a los que no llamarán reforma laboral y, mucho menos, flexibilización) destinados a bajar el salario real en dólares; extender la ficcional «lucha contra la corrupción» a Cristina Fernández y su corte de advenedizos (enriquecidos hasta límites inaceptables para los corruptos establecidos de la sociedad burguesa), para lo cual se apunta a llevar a la cárcel a la ex Presidente; recomposición de la estructura sindical, en intento por retrotraerla al período en que con Frondizi como presidente y Perón como líder de masas, se impuso una ley copiada de la Taft-Hartley estadounidense: subordinación de los sindicatos al Estado, pero sin autonomía suficiente de estos como para desafiar al poder. En otras palabras: formalizar bajo claro mando burgués la domesticación de los sindicatos iniciada hace décadas. Todo mientras se continúa hipotecando al país para sostener el plan pseudo desarrollista.
Para alcanzar estos objetivos Macri contará con varios factores a favor. Primero, la reactivación económica potenciada por una agresiva política crediticia apuntada a las clases medias y los estratos más elevados de la clase obrera. En consonancia con esto, la presumible victoria electoral de octubre; el respaldo de la totalidad de la burguesía (incluso la que se denomina «nacional»), el conjunto de los restos partidarios, las cúpulas sindicales remanentes y buena parte de la ciudadanía que, como muestran las elecciones, ha comprado la ilusión de un capitalismo saneado, un «país serio» y un gobierno sano y capaz… «Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción» diría Bolívar. 
Pero ¿por qué una clase obrera combativa como pocas en el mundo, con riquísimas experiencias de lucha en todos los terrenos, con alto grado de instrucción y capacitación, sería instrumento ciego en manos de petimetres ignorantes y fatuos como los que predominan en el gobierno de Cambiemos? 
Hay sólo una explicación: porque hubo un plan para arrastrar a la clase obrera a la confusión y la ignorancia política; porque la militancia revolucionaria no cumplió su labor educativa y mucho menos pudo ejercer una conducción anticapitalista. Antes y después del estallido de 2001, a las diferentes propuestas del peronismo pro capitalista se sumó la letal combinación de izquierdismo verbal con reformismo electoralista. 
En ausencia de propuesta revolucionaria con base militante y social suficiente, el remanente histórico del peronismo alcanzó para entronizar por un período a una camarilla que desde el gobierno fragmentó como nunca antes a la clase trabajadora (el ministro de Trabajo de Kirchner y luego Fernández en 12 años legalizó 1400 nuevos sindicatos y cogobernó con la cúpula cegetista). Mientras hundía la economía y se negaba a la unión latinoamericana, el gobierno supuestamente nacional y popular manipuló a las masas y sus jóvenes vanguardias hasta llevarla de cabeza al macrismo. Una repetición farsesca del proceso por el cual un pueblo entero en franco pie de combate en los 1970 fue desviado de la vía insurreccional al gobierno de Cámpora, la Triple A, Perón, su calificada esposa y, finalmente, la dictadura militar. 

Elecciones y después
El agotamiento y muerte de este último artilugio burgués denominado primero kirchnerismo y luego cristinismo plantea una posibilidad y un riesgo, ambos capaces de dar vuelta como un guante la realidad política argentina, sea en dirección a la revolución, sea rumbo a la contrarrevolución. De la militancia consciente –y de su capacidad para aunarse con todas las fuerzas comprometidas con una transformación radical en América Latina- depende que se imponga una u otra perspectiva.
Ya la UMS convocó a abstenerse o votar en Blanco en las Paso y las legislativas de octubre. No resta sino insistir en esa línea de acción, entendida como un paso en el camino de un frente único antimperialista y anticapitalista. La creación de una Federación que a escala nacional permita dar unidad social y política a las grandes mayorías hoy desamparadas, como contraposición a la persistencia en la idea de «frentes de izquierda», entendidos como suma de siglas incapaces de ganar el corazón y la conciencia de las juventudes y los trabajadores. La unidad social y política de las grandes mayorías no debe partir, repitámoslo una vez más, de definiciones ideológicas. Debe abarcar y encauzar a todas aquellas compatibles con un programa de acción antimperialista y anticapitalista, encarnado en una organización plural, democrática, con concepción y práctica de masa, estructurada de manera federativa para incorporar la inmensa diversidad geográfica y social de nuestro país. Para vehiculizar la unidad efectiva de la diversidad. Para cambiar el electoralismo burgués por una perspectiva de organización de bases a escala masiva y en el conjunto del país.
Es un debate que la militancia revolucionaria debería encarar ya mismo, tenga o no la perspectiva de expresarse a favor de algunas de las siglas presentes para los comicios de octubre.

Argentina, 5 de septiembre de 2017 

Recuadro

La desaparición de Santiago Maldonado

Algo extraño ocurre en la Casa Rosada. El domingo 3 Macri despachó un tuit condenando a Nicolás Maduro porque la justicia venezolana impidió, el sábado 2, la salida del país de Lilian Tintori, esposa del dirigente fascista Leopoldo López. 48 horas antes de ese episodio, Tintori fue hallada con 205 millones de Bolívares en su auto. Para esa fecha había pasado más de un mes de la desaparición de Santiago Maldonado, sin que el Presidente hubiera emitido en público ni una palabra al respecto. Lo haría, emboscado por un periodista, recién al día siguiente. 
Tal vez la ilusión pergeñada por Uribe y Aznar de convertir a Macri en la contrafigura latinoamericana de Maduro le ha hecho perder al presidente argentino el sentido de las proporciones. 
Hay otra hipótesis: es tal el descontrol de las instituciones burguesas, es tal el desmanejo y la impotencia oficial frente a hechos relativamente simples, como ordenar una investigación judicial y policial para hallar el paradero de una persona, que Macri se desahoga enviando tuits, acaso inspirado en otra persona que hace lo mismo abrumada por su impotencia política, Cristina Fernández. 
A propósito: horas después la justicia argentina declaró la indagatoria de Fernández y otros imputados, y en consecuencia prohibió su salida del país. ¿Quién tuiteará primero contra esta medida: Macri o la ex presidente?
Como sea, la no aparición de Maldonado y la total ausencia de información fehaciente sobre la suerte corrida por este joven adherido a la causa mapuche, da una medida exacta del estado en que se encuentra la institucionalidad burguesa.
La UMS no caerá en el cinismo electoralista y miope de quienes atribuyen al gobierno de Cambiemos la orden de hacer desaparecer a Maldonado. Sólo personas muy ignorantes de la historia argentina reciente, o muy inmorales, pueden comparar este gobierno con la dictadura de Videla. Adicionalmente, si algo no le conviene a esta coalición en campaña electoral y con todas las perspectivas de éxito, es la eclosión de malestar social que provocó este hecho hasta el momento inexplicado.
Reafirmamos en cambio que es responsabilidad del Ejecutivo poner en marcha todos los instrumentos del Estado para hallar a Maldonado. La pérdida de un mes en la búsqueda bien puede ser causante de que ya no se lo pueda hallar con vida. Y eso sí es responsabilidad directa del Presidente y sus ministros. 
¿Por qué no se hizo de inmediato todo lo necesario para determinar responsabilidades y encontrar a Maldonado? ¿Fue Gendarmería la responsable de su desaparición, como muchos indicios parecen señalar? ¿Por qué no hay un solo detenido?
Otra pregunta apuntada a lo mismo es por qué alguien que se presenta como amigo de Maldonado y dirigente de la comunidad mapuche, aunque niega permanecer al RAM (Resistencia  Ancestral Mapuche) demoró 34 días en declarar ante la justicia para acusar a la Gendarmería por el secuestro. 
Es en cambio un dato significativo -y altamente positivo- que la sociedad haya reaccionado con tanta fuerza reclamando la aparición con vida de Maldonado. Sobre todo los jóvenes se movilizaron en cada lugar del país conmovidos por la suerte del desaparecido. Que candidatos en campaña hayan intentado capitalizar esa vibrante fuerza colectiva no cambia un ápice el valor de esa fuerza que, como tantas otras, corre bajo la superficie de la política argentina.
La UMS tiene diferencias irreconciliables con lo poco que se conoce de RAM. Pero no es éste el momento para ponerlas en discusión. La primera e impostergable tarea es sumar fuerzas para exigir la aparición con vida de Santiago Maldonado. Y prepararse para lo que viene, porque esas cosas extrañas que ocurren en la Casa Rosada anuncian una insanable debilidad del proyecto de recomposición capitalista respaldado por la totalidad de la burguesía.
6 de septiembre de 2017