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Eslabón 142 – Situación después de un mes de huelgas y movilizaciones

Abril de 2017 – Tras una huelga general formalmente exitosa, el gobierno de Cambiemos lanza una ofensiva antiobrera enmascarada en justas denuncias contra cúpulas sindicales corruptas y odiadas por las mayorías. Lo hace porque puede. Puede porque a la par del “acatamiento” al paro (no decisión colectiva y democrática, subordinación) hubo un significativo rechazo a la huelga. Y porque sus convocantes son aliados estratégicos del gobierno. Al igual que organizaciones sociales y políticas consideradas de izquierda, la CGT omitió toda denuncia al papel contrarrevolucionario continental asignado por Washington, Bruselas y el Vaticano al gobierno argentino. Mientras se avanzaba en el camino de una invasión contra la Revolución Bolivariana, la huelga general esgrimió exclusivamente demandas economicistas.

Cuando el 6 de abril Argentina vivió un día de huelga general, la Revolución Bolivariana llevaba dos semanas asediada por la OEA.
El gobierno al que dijeron enfrentar la CGT (Confederación General del Trabajo) y un amplio espectro de izquierdas, fue el principal entre la decena que sirvió a la Organización de Estados Americanos, Consejo de Indias contemporáneo, para pavimentar el camino hacia una invasión a Venezuela.
No obstante, ni la CGT, ni ninguna de las organizaciones políticas y sociales esforzadas por desbordarla aludieron, siquiera marginalmente, a la conducta internacional contrarrevolucionaria y proimperialista del gobierno de Mauricio Macri.
Permítase repetirlo: “ni la CGT, ni ninguna de las organizaciones políticas y sociales esforzadas por desbordarla” dijeron una palabra en defensa de Venezuela y su Revolución. Sólo demandas economicistas y denuncias genéricas a la condición patronal del actual oficialismo. Como si el anterior hubiera tenido otra naturaleza de clase.
Ése es el rasgo determinante de la coyuntura abierta tras la huelga general, precedida por el ahora ostensible fracaso de las principales cúpulas que conducen el gremio docente.
Es, a la vez, un problema mayor para la conducción revolucionaria de Venezuela, que no sólo derrotó a Estados Unidos en la seguidilla de golpes de la OEA, sino que puso en pie de guerra a las masas y frenó el enésimo intento de derrocar a Nicolás Maduro e iniciar la guerra civil en Venezuela.
Para los revolucionarios latinoamericanos el conflicto es doble.
Uno: el conjunto de la oposición a Macri en Argentina –incluyendo en primer lugar a la erróneamente llamada “izquierda peronista” y el bien llamado infantoizquierdismo, no asume la naturaleza latinoamericana y mundial del actual enfrentamiento interno y el papel que el gran capital transnacional le ha otorgado al gobierno de Cambiemos, con la socialdemocracia y el socialcristianismo como plataforma de apoyo global.
Dos: gobiernos y partidos revolucionarios de América Latina y el Alba parecen identificar conflicto contra Macri con perspectiva de alianza continental contra el imperialismo y el capitalismo. Tal vez la ominosa desidia de estas oposiciones en medio de una huelga general invite a la reflexión.
Dicho de otro modo: si a la ceguera sectaria del infantoizquierdismo se le suma la adopción de burgueses despechados como aliados, las dificultades de la revolución latinoamericana en el próximo período se multiplicarán.
Por el contrario, si se logra separar el trigo de la cizaña en la recién iniciada confrontación de clases en Argentina (y, aunque en condiciones completamente diferentes, lo mismo vale para Brasil), la perspectiva de un nuevo alza revolucionario en la región tiene todas las condiciones para continuar en un plano superior, como síntesis superadora, la etapa que le cupo conducir al comandante Hugo Chávez desde el año 2000 hasta su muerte, ahora en las manos del presidente obrero Nicolás Maduro.

Espacio para una ofensiva antiobrera
Tal como lo adelantó la Unión de Militantes por el Socialismo, la huelga docente impulsada por una conducción corrupta y empeñada en una jugada electoral en el ámbito estricto del parlamentarismo burgués, terminó en un estrepitoso fracaso. Y abrió el camino para una ofensiva del gobierno encabezado por María Eugenia Vidal, con amplio apoyo social para esta tarea.
Las demandas exclusivamente economicistas, insostenibles en relación con lo defendido por estos mismos sindicatos durante el período anterior, no podían sino desmoralizar y dividir a las bases docentes. Fue lo que ocurrió.
La huelga docente tuvo elevada adhesión inicial en el Gran Buenos Aires y otros centros urbanos de la provincia. Un caso singular fue Santa Fe y en particular Rosario. También hubo adhesión inicial en algunas capitales y ciudades principales del país. Pero sobre todo en el interior de Buenos Aires el ausentismo fue mínimo y el presentismo creciente con el paso de los días. A dos semanas la huelga se quebró.
En el colmo de la desorientación, para mantenerse unido el conglomerado de sindicatos docentes apeló a una encuesta. Pese al contenido tramposo de las preguntas, el resultado fue letal: 7 de cada 10 docentes optó por continuar con medidas de protesta… dentro del aula.
La huelga docente se levantó. La decisión fue tomada precisamente mientras se realizaba la huelga general convocada por la CGT, lo cual califica también a ésta. Suteba quedó encerrado en la escasamente heroica lucha por alcanzar la secretaría general de un aparato que congrega sólo al 50% del 50% que está sindicalizado en la Provincia de Buenos Aires. Y arrastró al resto de los sindicatos del área, que ante la evidencia decidió apartarse.
Un sector mínimo del aparato –convenientemente respaldado por barras bravas de los clubes Excursionistas y Defensores de Belgrano- reaccionó con una acción desesperada el domingo 9 de abril: intento por reeditar la Capa Blanca. La maniobra sorpresiva tuvo una respuesta automática del inepto gobierno pequeño burgués -con arrestos de oligarquía- de Buenos Aires y la falsa dirigencia sindical obtuvo su objetivo: presentó la refriega como violenta acción represiva, argumento con el cual, en cuestión de minutos, decretó un para general de Ctera por 24 horas para el martes 11. Coaccionados con el espectro de la represión, muchas direcciones intermedias ajenas a la deriva irresponsable de la conducción de Suteba y Ctera “acataron” el paro. No ocurrió lo mismo con la mayoría de sus afiliados. Y hubo un nuevo fracaso de esta dirigencia confiada en la pasividad o la imposibilidad de acción de quienes, aun comprendiendo el carácter del conflicto al que se los arrastra, se dejan llevar por el afán de autopreservación de un elenco corrupto asociado con el gobierno anterior. Alguien deberá recordar que la Carpa Blanca original, a fines de los 1990, sirvió para sostener el proyecto reformista-contrarrevolucionario del Frepaso y llevar al gobierno a De la Rúa y Álvarez, con el resultado por todos conocido. Alguien deberá recordar quiénes estaban detrás de ese golpe de efecto, dónde están ahora los protagonistas de entonces y qué papel cumplieron en estos años. Pues bien: esta deslucida nueva carpa es un toldo para kirchneristas desahuciados que tratan de huir de la justicia burguesa, no atacando al sistema burgués sino intentando apoderarse de las palancas de mando.
No tienen chance. Aunque el conflicto está lejos de haber concluido, es altamente improbable que las actuales dirigencias de Suteba y Ctera puedan mantener la cabeza sobre los hombros.
Esto será, aunque a medias, una victoria oficialista frente a un gremio de particular repercusión en el conjunto social, aunque económicamente inocuo en lo inmediato. Y no podrá dejar de golpear al conjunto del movimiento obrero.
Con argumentos sólidos en relación con el enriquecimiento ilícito de las dirigencias sindicales, su condición empresarial y su ilegal eternización en los cargos mayores, el gobierno lanzó una campaña para reformular el movimiento sindical. Macri denuncia a “las mafias”. Y de esa materia el Presidente sabe mucho.
Sin duda es necesaria una reformulación drástica, implacable, revolucionaria, del corrupto aparato sindical sometido al Estado burgués. Pero obviamente no es la que programan las grandes patronales y ahora intentará aplicar Macri.
Era fácilmente previsible. Y fue previsto. Una maniobra estratégica del capital, frente a la cual el infantoizquierdismo permaneció ciego y el oportunismo de los restos desperdigados del PJ (se incluye aquí a las escuálidas fracciones que hoy acatan las directivas de Cristina Fernández) jugó exclusivamente en función de intereses personales, sea para ocupar lugares de poder en un futuro próximo, sea para evitar la prisión por inenarrables delitos de enriquecimiento ilícito.
El espacio para una ofensiva capitalista está claramente delimitado. A un lado, la protesta contra una realidad económica y social que todo el país siente y en diferente grado comprende como conclusión de un desastre nacional de larga data, agravado irresponsablemente y en beneficio propio por el gobierno anterior y conducido a su culminación por el actual. Al otro, el rechazo de las mayorías al fraudulento y corrupto funcionariado sindical y político, cuyo fin espera la sociedad como conjunto. Ese rechazo pasivo está dispuesto a poner expectativas en quienquiera que logre encaramarse de manera sistemática a los medios de in-comunicación de masas con un discurso de supuesto cambio. Cambiemos se lanza a usufructuar ese espacio.
Contenido y desarrollo de la huelga general del 6 de abril avalan la intención de este gobierno dispuesto a restaurar un funcionamiento capitalista regular, con cada actor en el lugar que le corresponde según las necesidades del sistema.
Cúpulas sindicales, figuras políticas y periodismo en general, utilizan el término “acatamiento” para definir si el paro tuvo más o menos impacto. No es una expresión gratuita. Revela por un lado que no hay exigencia de las bases para encarar una lucha. Por el otro, que el trabajador está limitado a aceptar la decisión de una cúpula con la que no mantiene el menor contacto, o buscar los medios para llegar a su lugar de trabajo.
No cabe duda del descontento de prácticamente la totalidad de los trabajadores con la realidad económica y social del país. Pero de allí a confiar en un paro dirigido por las actuales cúpulas sindicales, hay un largo trecho. Por eso el paro del transporte (UTA, UF y Fraternidad) fue decisivo para que hubiese un “alto acatamiento”, aunque el comercio, algunas pequeñas industrias fuera de los centros urbanos principales y no pocos Bancos, tuvieron una actividad casi normal. Sin embargo la adhesión con compromiso fue menor, aunque no contamos con instrumentos para medirla objetivamente. Y la confianza en que la medida traería alguna mejoría para asalariados y jubilados, poco menos que nula.

Después de la huelga
Antes mismo de completado el paro del 6 de abril, la conducción de la CGT programaba su agenda de transacciones con el gobierno. Y no pocos infantoizquierdistas se solazaban con el espejismo de un movimiento obrero en pie de lucha y en el centro del combate político.
Nada más lejano que la alucinación de un proletariado enfrentando a sus enemigos. Las cúpulas sindicales mantienen la iniciativa en grado absoluto y la conducta de ciertas izquierdas contribuyen a ello. Urge torcer ese rumbo. Es posible aunar fuerzas antimperialistas y anticapitalistas, recuperar la iniciativa, establecer una línea de marcha que permita desplazar a la dirigencia tradicional y a los advenedizos remanentes de la farsa dominante en los últimos años que ahora gritan “se va a acabar la burocracia sindical” y sólo pretenden ocupar su lugar en el funcionamiento del sistema de explotación.
Es una exigencia hacerse cargo de la situación creada a escala continental por la ofensiva contrarrevolucionaria de Estados Unidos contra Venezuela (ver recuadro). Las organizaciones chauvinistas que buscan ganar espacio electoral pidiendo más salario sin cuestionar el sistema y poniendo a un costado la agresión contra la Revolución Bolivariana son indignas de aspirar a conducir a los trabajadores y el pueblo argentinos.
Las restantes, por duras que sean nuestras diferencias, estamos obligadas a buscar una vía de recomposición sobre la base de un programa genérico latinoamericanista, antimperialista y anticapitalista.
No es pensable que genuinos revolucionarios/as quieran hacer de comparsa en el circo de la carpa frente al Congreso. Quienes se plieguen a esa farsa, contribuirán a la victoria de un gobierno que, una vez vencido el flanco excluido de los aparatos sindicales, una vez inerme por completo el movimiento obrero, si eso fuera posible, se lanzaría como una horda fascista contra el conjunto de la sociedad, respaldada por la socialdemocracia de la UCR, por el papa jesuita y por el conjunto del imperialismo.
Sólo hay un camino para neutralizar esa dinámica alimentada por tirios y troyanos: confederar a las fuerzas revolucionarias de todo el país, garantizar la pluralidad y la unidad de acción con métodos democráticos de amplia participación, sobre una base programática antimperialista y anticapitalista. La delimitación precisa de un programa y una estrategia se dará a medida que el desarrollo de una fuerza enraizada en la clase obrera, las juventudes y los sectores oprimidos del campo y la ciudad permitan elaborarlos con base en las necesidades y el nivel de conciencia de cada parte.

Recuadro

Todos a respaldar la Revolución Bolivariana
Macri se reunirá el 27 de abril con Donald Trump. El punto principal en la agenda del encuentro es Venezuela. El mismo tema que CGT y adláteres omite en la supuesta lucha contra el gobierno.
Con certeza Trump asumirá la estrategia diseñada por el Departamento de Estado desde fines de 2015, cuando todos tenían la certeza de una presidencia de Hillary Clinton, estrategia descalabrada por la impensada victoria de su payasesco oponente.
Esto es, contraponer al empresario procapitalista Mauricio Macri con el obrero prosocialista Nicolás Maduro; mostrar como antípodas de un futuro para América Latina a Argentina y Venezuela.
Aun antes de consolidar ese aspecto de la total sumisión de Trump al poder establecido estadounidense, ya está lanzada la escalada contra le Revolución Bolivariana. Desde la OEA y con el respaldo de toda la prensa tradicional del hemisferio, se prepara el camino para un derrocamiento violento del gobierno revolucionario en Venezuela
La UMS llama a todas las fuerzas antimperialistas a la conformación de brigadas internacionalistas (y a la reactivación de algunas conformadas cuando tiempo atrás estuvo la amenaza inminente de invasión desde Colombia), cuya misión inmediata no consiste en combatir con armas, sino en enfrentar la campaña de mentira con la que la burguesía envenena la conciencia de nuestros pueblos respecto a lo que verdaderamente ocurre en Venezuela.
Es preciso develar el papel internacional de un gobierno que al interior se presenta como desarrollista e incluso populista (kirchnerismo con buenos modales, dicen algunos despechados) y apela a la palabra “Revolución” a cada paso (Revolución educativa, Revolución energética, Revolución crediticia, Revolución cultural!) y en verdad se esfuerza por sentar las bases para una contrarrevolución devastadora en Argentina y América Latina.
Venezuela y el Alba son el centro de esa estrategia contrarrevolucionaria. Llamamos a todo el activismo consciente de la gravísima coyuntura regional y mundial para converger en un amplio frente antimperialista articulado en todos los terrenos y capaz de presentar combate al mejunge socialdemócrata-socialcristiano-liberal-fascista que gobierna Argentina.