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Eslabón 141 – En lugar de lucha de clases, lucha de camarillas: Urge respuesta revolucionaria a la manipulación del bloque burgués

Marzo 2017.- Marzo comienza con una marcha de la CGT, un paro docente y la amenaza de una huelga general hacia fines de mes. Todo en el marco de la pasividad de las masas y el acuerdo de cúpulas para aplicar el plan en curso de saneamiento capitalista.

Argentina asiste al triste espectáculo de una batalla entre fracciones defensoras del sistema en crisis. Una descarada lucha por espacios de poder, acelerada por el inicio de un año electoral.
Tanto para la CGT como para el gobierno, el cínico argumento es la defensa del salario de los trabajadores. Unos aseguran que éste se garantiza reordenando el desquicio macro y micro económico legado por el gobierno anterior. Los otros, sin contradecir tal razonamiento, aparentan exigir que ese reordenamiento se lleve a cabo sin afectar el poder de compra del salario.
Por si faltaran causas para la confusión, descreimiento y parálisis de las grandes mayorías, el grueso de las corrientes que se declaran revolucionarias coincide no sólo con la argumentación de la CGT, sino con las medidas que ésta toma para abrir una válvula de escape al sordo descontento social: una marcha y eventualmente una huelga general… todo bajo la conducción de las tradicionales cúpulas sindicales.
Así, los tremendos efectos sociales de la crisis del sistema apuntan a dirimirse bajo la dirección de dos corrientes principales de la burguesía: Cambiemos y el arco peronista encabezado ahora por la CGT. La iglesia está en ambas fracciones. Y también tiene sus peones en tendencias reformistas que, con o sin lenguaje izquierdista, buscan medrar en el marasmo, con el propósito de lograr una representación mayor en las instancias legislativas del sistema democrático-burgués.

Replanteo partidario
En su marcha devastadora la crisis completó la destrucción de las instituciones partidarias tradicionales de la burguesía. También, de paso, la de las organizaciones de izquierdas. La implosión de 2001 fue el punto culminante de esa impotencia de las clases dominantes, espejada en la debacle de las organizaciones revolucionarios. Desde entonces, los remedios resultaron peores que la enfermedad. Con la victoria de Macri, se abrió para el capital la expectativa de superar esa situación de constante y creciente peligro, siempre con la amenaza de una explosión espontánea de las masas y derivaciones fuera de control.
Para comprender la mecánica del juego burgués basta ver que la CGT, que en 2011 obró como aparato de movilización para la victoria del Partido Justicialista y el Frente para la Victoria, ahora invierte su lugar en el juego político y aparece como eje para la eventual recomposición del PJ, para lo cual pone como condición arrojar a la basura los desechos del FpV.
A la vez, la Unión Cívica Radical mostró en aquella oportunidad su patético derrumbe como aparato nacional. En 2015 fue la plataforma para la exitosa conformación de Cambiemos. Y ahora pretende reformular el espectro partidario desde el flanco liberal (específicamente socialdemócrata), consolidando a Cambiemos como frente articulado bajo las órdenes de Mauricio Macri.
El viaje del Presidente a España muestra cómo se desenvuelve la estrategia de consolidación: la comitiva oficial estaba integrada por gobernadores peronistas, altos dirigentes radicales, titulares de cámaras empresarias asociadas al frente único burgués y secretarios generales de diferentes aparatos sindicales. Con ese andamiaje Macri no sólo entregó la orden del Libertador a un reyezuelo español, una afrenta a nuestra historia. También trató de ocupar la vanguardia regional en la lucha contra la Revolución Bolivariana y el Alba. Tuvo aplausos poco menos que unánimes. Y silencios poco menos que cómplices.
De esta manera, enterrada la lucha de clases y ocupado su lugar por una pugna de camarillas, sin reacción de las fuerzas revolucionarias, con el papa apuntalando a la derecha peronista sin por ello descuidar la estabilidad de Macri, se desenvuelve el juego de la pervertida institucionalidad burguesa, mientras bajo la superficie avanza la crisis.

Proyecto de país
Tal como confirma el ministro de Hacienda en el cuarto trimestre de 2016 la recesión del 2,3% inició el camino inverso de una lenta recuperación, estimada en crecimiento de entre 2, 3 o incluso 4% para 2017. Las cúpulas sindicales (y tras ellas las corrientes marxistas que se limitan a clamar por aumento salarial) pueden obtener en este contexto aparentes conquistas como para proclamarse “luchadores por los derechos de los trabajadores”. Podrán afirmar que hicieron lo correcto, sin importar cuánto sea el volumen de lo obtenido, tanto menos su relación con el crecimiento efectivo de la producción de riqueza (hay una cosecha inédita superior a los 120 millones de toneladas de grano).
En el revoltijo queda sepultada la verdad. No es tan difícil conocerla, pero es muy difícil, en las actuales condiciones, exponerla con voz audible para decenas de millones de víctimas de esta trampa.
Tanto el gobierno como quienes simulan defender el salario, están empeñados en la recomposición y vigencia estable del sistema. Como esto es redondamente imposible, es falso que habrá mejoría económica estable para los asalariados. Miente la CGT; mienten los titulares de una cantidad de estructuras montadas sobre los docentes. El sistema capitalista no ofrece un futuro de mejoría y progreso para nadie, excepto un puñado entre los burgueses que se disputan los despojos.
Es una tarea indelegable de la militancia revolucionaria. Pero también las y los docentes que se consideran tales, deberían explicar a la sociedad que por muy grave que sea la penuria salarial de ellas/os y de tantos otros millones de asalariados, en la medida en que no se ataque el problema de fondo no habrá mejoría. Lo contrario es verdad: la sociedad se hunde en la corrupción, el narcotráfico, la ignorancia y la manipulación.
O los gremialistas sinceros deciden denunciar las causas reales de esa degradación, o son cómplices de ella. Eche usted una mirada alrededor y decida quién es qué.
Sin una propuesta de país con eje en la lucha continental contra el imperialismo y el capitalismo, en medio de la crisis capitalista mundial centrada precisamente en los países más desarrollados, es preciso ser demasiado ignorante, o demasiado cínico, para desconocer que la economía mundial está inmersa en un inmanejable cataclismo, en medio del cual es menor la posibilidad de salvación cuanto más dependiente es una economía. Quienes en medio de la tormenta apelan “a las medianas y pequeñas empresas” para sostener el empleo y el salario, mienten sin vergüenza o son insanables retrasados que, lo sepan o no, trabajan para el enemigo capitalista.
La antigua y más vigente que nunca consigna “Socialismo o barbarie”, tiene una traducción directa en Argentina: proyecto de República Socialista o colaboración subordinada con cualquiera de las fracciones defensoras del sistema capitalista local. Dicho de otro modo: consecuente definición revolucionaria o compromiso y colaboración con lo más retrógrado del capitalismo, sea en su versión liberal o en la mentirosa variante “nacional y popular”.

Nuestra responsabilidad
No hemos conseguido aunar fuerzas para levantar una voz potente ante esta trampa siniestra. Lectores/as de Eslabón saben de los esfuerzos que hicimos, desde siempre pero puntualmente en el último año, para reunir fuerzas disímiles con definiciones comunes básicas.
Resultó inviable, por ahora. Con el paso del tiempo y la sucesión de fracasos muchas estructuras nacidas con voluntad revolucionaria se han transformado en defensoras de su propia subsistencia: sólo es bueno lo que sirve a ese objetivo en lo inmediato.
Como complemento de esta degradación, cundió el ensueño pequeño burgués de creerse dirigente de una alternativa revolucionaria con el simple recurso de un golpe de mano, a cualquier precio. La teoría, la formación de cuadros, la estrategia, los programas, la asimilación de la experiencia histórica de la clase obrera internacional, importaron poco o nada. Las reemplazó el palabrerío.
La atracción electoralista o la idea pueril de que una huelga general promovida y dirigida por la CGT es una vía de acumulación, obran como fuerzas contrarias a una recomposición revolucionaria marxista y a la unidad social del conjunto de los trabajadores. Pocos saben o quieren recordar la conducta de la dirección cegetista inmediatamente después del Cordobazo, o cuando en 1973 se afilió a la internacional sindical socialdemócrata. Pocos asumen que a esa estructura sindical integrada al capitalismo internacional se sumarían años más tarde los socialcristianos financiados por el Vaticano. Están repitiendo lo mismo, en circunstancias incomparables.
Apoyamos toda lucha respaldada por los trabajadores, incluso de manera pasiva, por una mejora salarial. Marchamos con ellos, incluso a sabiendas de las manipulaciones de los aparatos sindicales subordinados al Estado burgués. Pero no cejamos en el esfuerzo por exponer ante las masas la verdad de los planes del gobierno y la pseudo-oposición, cuya punta de lanza es el conjunto de la estructura sindical que se niega a romper con esta trampa.
A la par, insistimos en la necesidad de una recomposición de las fuerzas revolucionarias marxistas. En la unidad social y política de las masas tras un programa antimperialista y anticapitalista.
Esto es imprescindible para impedir que el plan burgués tenga éxito en lo inmediato. Incluso una victoria de cortísimo plazo, sería suficientes para engañar a las masas y emprender una contraofensiva de inconmensurable costo para los trabajadores y la nación.
El desprestigio social de las cúpulas sindicales permite que con un mínimo de conquistas (como por ejemplo bajar la inflación y dar dos pasitos en la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia), el gobierno de Cambiemos tenga chances de presentarse como alternativa.
La militancia revolucionaria genuina debe reflexionar sobre esta perspectiva. Es imperativo conformar una confederación nacional de agrupamientos antimperialistas y anticapitalistas para decirle a nuestra clase, a nuestro pueblo, que estamos dispuestos a encabezar un combate frontal contra la mentira y la manipulación de todos quienes se embarcan en la trampa de mejorar el sistema.

Argentina, 27 de febrero de 2017