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Eslabón 139: Roto el bloque político que mantuvo a Macri, pero firme el bloque de clase

Con la caída de la Ley de reforma electoral y la aprobación de otra sobre Ganancias (en realidad, impuestos sobre salarios), queda empantanado y con serio riesgo de muerte el plan burgués de recomposición institucional encargado a Mauricio Macri y la coalición Cambiemos.

Tras la sesión de diputados que votó el 7 de diciembre la ley sobre el llamado impuesto a las Ganancias, flota la pregunta clave: ¿se desbarató definitivamente el plan de recomposición institucional largamente preparado por la burguesía local tras el colapso de 2001/2002?

Aquella sesión de diputados materializó una ruptura probablemente irreparable entre gobierno y peronismo. Sin embargo, más significativa para el largo plazo es la negativa a cambiar un mecanismo electoral corrupto. Significa que las actuales representaciones políticas del capital no pueden prescindir del fraude para sostenerse. Periodistas y analistas que condenaron dos décadas atrás a Hugo Chávez por modernizar el sistema electoral e instalar en Venezuela el voto electrónico, claman hoy contra Cristina Fernández, quien representando en ese punto la necesidad de todo el peronismo, declaró que en caso de imponerse el voto electrónico “no votaré nunca más”. A la vanguardia en la construcción de un nuevo país…

Incapaz el peronismo de constituirse como fuerza unitaria, con programa y liderazgo reconocibles, tuvo ímpetu suficiente para aunarse tras un endeble proyecto de ley sobre Ganancias y asestarle un golpe a Macri. Golpe duro y de consecuencias todavía imprevisibles, sin excluir la posibilidad de que se convierta en boomerang e impacte de lleno en el intento de alcanzar una alianza duradera del peronismo ante las legislativas de 2017. El imprevisto ímpetu unitario del Frente Renovador con el PJ y los restos maltrechos que enarbolan la bandera de Néstor Kirchner puede muy bien haber sido un acto suicida.

Por detrás de ese paso desesperado hay dos fuerzas que las conducciones partidarias no pudieron frenar: un peronismo pulverizado y la necesidad de vida o muerte para Cambiemos de ganar las legislativas de 2017. Aunque no podemos medirlo con precisión, también palpita allí otro factor disruptivo: los capitales del narcotráfico y sus representantes en todas las áreas.

Semejante ruptura ocurrió contra la estrategia y las indicaciones precisas de los núcleos más poderoso de la burguesía argentina. Dicho de otro modo: los pedazos dispersos y debilitados al extremo de los partidos tradicionales del capital, no responden a sus amos. Se adueñó de ellos el frenesí electoral, desatado a un año de los comicios, con total prescindencia de la recesión que llevó la pobreza del 29% legado por el matrimonio Kirchner a más del 32% en un año de Cambiemos. Lanzados a la caza de cargos y dominados por un delirio que los hace soñar con la vuelta al poder en 2019, dejan de ser políticos articulados con los centros de poder de la clase a la que pretenden representar, para convertirse en ejército desbandado librado a la rapiña personal. No pretendemos destacar la mediocridad e irresponsabilidad de aspirantes a líderes del capital (no es preciso esfuerzo alguno para eso), sino, a la inversa, la impotencia del gran capital aunado para llevar adelante un plan de gobernabilidad sustentable.

Hay todavía otra manera de decirlo, citando un concepto por muchos conocido: “los de arriba ya no pueden”. En la Declaración Final de una Conferencia de la UMS, los días 1 y 2 de febrero de 2014, hace ya casi tres años, podía leerse:

“Argentina se aproxima a una situación pre-revolucionaria. Lo hace en un mundo signado por la crisis del capitalismo con eje en los centros imperialistas y en una coyuntura determinada por la retracción económica en las metrópolis y un descontrol financiero mundial sin precedentes.

Por detrás del caos que en la Argentina de fines de 2013 abarca todos los órdenes e involucra a todas las clases sociales, acompañado por completa ausencia de gobierno y de la oposición burguesa, sin una expresión revolucionaria con aval de masas, se insinúan los rasgos esenciales del país que viene”.

Estamos ya visiblemente en situación de que “los de arriba no pueden”. No todavía en el punto de que “los de abajo no quieren” y, para negarse, tienen los instrumentos necesarios. Por eso, el capital puede continuar su espectáculo vergonzoso de decadencia e impotencia, para lucimiento de políticos ignorantes, rapaces e impotentes.

En diciembre de 2015 y enero de 2016 la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA) y el Grupo de los 6 (G-6) se reunieron con Macri y sus ministros para acordar los lineamientos del plan de acción. Macri había sido el candidato de ambos bloques, que desde el mismo momento en que implosionó el sistema político argentino, en 2001/2002, comenzaron a armar un nuevo Frankenstein con restos chamuscados del engranaje tradicional. Tomaron una pausa en 2011 porque la imprevista muerte de Kirchner puso a su cónyuge en insólitas condiciones de ganadora. Macri retiró su candidatura. Cuatro años después, los aprendices de estrategas en un subsuelo del barrio Las Cañitas tuvieron su premio.

Desde entonces la relación es constante, de manera pública o a puertas cerradas. Recientemente, el 27 de octubre el Presidente y su jefe de Gabinete participaron de la reunión de una extraña instancia: la juventud del G-6. Paralelamente otra reunión con cabezas de ambos bloques, muy publicitada en este caso, desactivó una supuesta huelga de la CGT y pareció abrir un camino llano hacia la tan ansiada por la nomenclatura política “normalidad republicana” (ver recuadro)

Esa proximidad y la decisión de sostener al gobierno de Cambiemos no se ha roto con el voto en conjunto de líderes de pacotilla aunados por un instante en Diputados. Es improbable que se rompa. Será en el Senado –el más parasitario y corrupto de los cuerpos institucionales de esta pseudodemocracia- donde se dirimirá el conflicto esta semana próxima (12 a 16 de diciembre).

Es decir: o bien gobierno y nueva oposición (en la que brilla, siempre oscilante, la CGT) encuentran un punto de acercamiento para hacer la ley aceptable para todos, o bien un sector del peronismo romperá con los demás para bailar al son de la orquesta AEA-G6 dejando al resto al albur de pseudodirigentes desesperados.

Lo nuevo de esta situación es que Sergio Massa, que en teoría debería encabezar una “nueva renovación peronista”, en un acto de temeraria ansiedad se abrazó con los rostros más desprestigiados del hoy inexistente Frente para la Victoria y con nombres peronistas impronunciables en cualquier intento renovador.

Por eso no sorprende la inusual beligerancia de Macri y su jefe de Gabinete, que entre acusaciones con duros epítetos (“impostor llamó Macri a Massa”), compartieron significativamente un concepto curioso: según ambos, Massa sería “el dirigente menos confiable”.

No recibirán el Nobel a la sagacidad. Imposible que desconocieran hasta hoy los correos filtrados por WikiLeaks según los cuales, siendo jefe de Gabinete de Cristina Fernández y en conversación informativa con el embajador de Estados Unidos dijo Massa: “Néstor Kirchner no es un genio depravado, sólo es un perverso”; y agregó para mayor ilustración de su interlocutor: “era un monstruo cobarde y psicópata”. Estaba informando al embajador de Estados Unidos en Argentina.

En efecto, Massa no es confiable. Apelaron a él en circunstancias desesperantes. Ahora, el Presidente y su ministro se dirigen precisamente a las cabezas del gran capital local y extranjero para indicar algo que a todos parece obvio: contrahecho, incoherente y balbuciente, el único equipo con el que pueden contar los burgueses que cuentan es el de Cambiemos.

Es previsible entonces que, en medio de un espectáculo cada día menos soportable para personas decentes, siga el corso político y con más o menos tropiezos Macri llegue a las elecciones legislativas con chances de ganar o, como mínimo, hacer un buen papel y sostener su relativa estabilidad.

Signo inequívoco de la precariedad es la tensión creada en todo el espectro político por la posibilidad de que haya o no saqueos a supermercados a fin de diciembre, para medir la continuidad del elenco gobernante. En efecto, si tal como se proponen restos famélicos del otrora llamado “kirchnerismo” ocurriera una sublevación de desposeídos en consonancia con las celebraciones de fin de año, la estabilidad de Macri estaría en discusión. La solución hallada es copia exacta de la empleada sucesivamente por Duhalde, Kirchner y Fernández: enviar gendarmes a los puntos más calientes y repartir dinero a organizaciones pseudopolíticas que lucran con la miseria (ayer se llamaban “piqueteros”, hoy se denominan “organizaciones sociales” u ONGs).

 

Economía en quiebra

Para quien lo dudara ya está probado que el sistema político feudal y corrupto hasta lo indecible no será reformado sin acuerdo de aquellos que hoy usufructúan de él, entre los cuales hay tantos peronistas como miembros de Cambiemos (la mayoría de los municipios del país están en manos de la UCR).

También está probado que sin cambios raigales la economía no puede prescindir de esa rebaja salarial permanente que es el impuesto al trabajo. Basta tener en cuenta que cuando ese impuesto fue implementado, en 2001, afectaba a salarios que hoy equivaldrían a 150 mil pesos mensuales. Hoy se discute si el piso será de 35 o 44 mil. Allí se devela la lógica de la crisis estructural del capitalismo.

Fernández y su elenco dejó una deuda a pagar en 2016 por más de 40 mil millones de dólares (sin contar el descontrolado endeudamiento de YPF, cuyos efectos veremos en no mucho tiempo). Para pagar, sin beneficio de inventario, Cambiemos y los gobernadores de todo signo endeudaron al país durante 2016 en alrededor de 45 mil millones de dólares.

Peor aún fue el legado en materia social. Y contrariando a analistas desnortados de derecha e izquierda, Macri hizo todo lo contrario de una política aviesamente denominada “neoliberal” por quienes se niegan a hablar de capitalismo en crisis. Aumentó subsidios, dádivas y otros recursos ajenos al funcionamiento normal del capitalismo para sostener a un tercio de la sociedad arrojado a la pobreza. Así, el déficit creció en lugar de disminuir y, sumado al pago de intereses, supera este año el 8% del PIB, un guarismo insostenible para ésta o cualquier otra economía.

Es notorio que Clarín golpea a Macri día por día, casi como lo hizo con los gobiernos anteriores luego de romper el frente único con Néstor Kirchner. La causa: exigirle el ajuste drástico que la economía capitalista reclama y no puede ser reemplazado con ningún artilugio.

Ése es un punto fundamental para el accionar de activistas políticos y sindicales sinceramente comprometidos con las necesidades de las mayorías: tal como está, el sistema no funciona. O se lo repara (es decir, se lo ajusta), o se lo reemplaza. Es inútil marchar o hacer actos contra los efectos de la crisis profunda del sistema sin explicar a las masas que ellos, los de arriba, no tienen otra posibilidad que descargar la desorbitada crisis del sistema sobre las masas trabajadoras y desposeídas, pero también sobre un amplio arco de las clases medias. Sin una respuesta estratégica, consistente en un programa de transformaciones anticapitalistas y antimperialistas y una organización capaz de conquistarlas, los gritos contra el gobierno son muecas inútiles. Un error letal, cuando no simplemente un refugio para la mentira cómplice, como en el caso de la CGT o el peronismo neorenovador, pero también verificable en no pocas organizaciones situadas a la izquierda del espectro político.

Si bien el programa desarrollista esgrimido por Cambiemos no tiene ninguna posibilidad de cumplirse en la magnitud y con los propósitos planteados, es probable que a partir del nuevo año comience un rebote económico, después de una caída de alrededor del 2,5% del PIB en 2016, tras cuatro años de estancamiento y picos recesivos. Ese rebote, eventualmente acentuado por inversiones especulativas, obras públicas hechas en base a endeudamiento e inversiones a cambio de concesiones leoninas a empresas transnacionales, pueden dar aire a Macri y Cambiemos. Para eso, seguirá contando con el respaldo abierto o encubierto de toda la burguesía, del sindicalismo y de la iglesia. También es probable que en 2017 se vea una aceleración en juicios contra corruptos del régimen anterior, con el claro objetivo de ganar confianza frente a las masas, en una suerte de repetición del juicio a las juntas, aplaudido por los mismos que apoyaron a la dictadura, que en este caso será vivada por los mismo que participaron de la rebatiña escandalosa de los tres períodos del matrimonio Kirchner.

Si esto se verifica, el nuevo elenco gobernante tendría espacio para lograr lo que necesita y en última instancia se propone: descargar sin contemplaciones la crisis sobre las mayorías.

Para ello contará con estructuras que está cooptando (con el invalorable respaldo de la iglesia católica y el papa), eventualmente dispuestas a asumir su parte en el combate de pobres contra pobres.

Hay una pausa entre la coyuntura actual y la que inexorablemente viene. Se debe a la completa ausencia de organización, programa y estrategia de las clases trabajadoras y sus aliados potenciales del campo y la ciudad. Si en ese período entre paréntesis las fuerzas revolucionarias no encuentran el camino para edificar una fuerza de masas, el país, la sociedad en su totalidad, pagará un alto precio por no dar respuesta propia al desmoronamiento del sistema.

 

¿Frente de izquierda o Partido anticapitalista de masas?

Estaremos, como siempre hemos estado, dispuestos a respaldar cualquier paso efectivo en el camino de recomposición de fuerzas hoy dispersas e impotentes del activo antimperialista y anticapitalista. Pero, como en el pasado, alertamos que para alcanzar ese objetivo hace falta algo más que buenas intenciones y llamados vibrantes. Es preciso una caracterización correcta de la coyuntura histórica y una teoría para darle respuesta.

Desde que la primera versión de Izquierda Unida estalló en la Plaza del No, en 1989, sus diferentes epígonos fracasaron sistemáticamente mientras se despedazaban los partidos y organizaciones que compusieron aquella instancia de búsqueda unitaria, fracasada precisamente por no tener respaldo teórico suficiente para afrontar el desafío de aquellos momentos. En tres décadas no sólo se deshicieron sucesivas caricaturas de la Izquierda Unida original sino que fueron pulverizados los principales partidos componentes: Mas y PC, mientras una decena de agrupamientos menores quedamos aislados y prisioneros de una debilidad hasta ahora no resuelta.

El llamado Frente de Izquierda y los Trabajadores (Fit), aparte su probada definición sectaria y parlamentarista, mostró en un acto reciente que muy lejos de crecer y consolidarse, ahonda absurdas peleas internas en su afán exclusivo por ocupar espacio interno tras el objetivo de obtener más legisladores en los próximos comicios. Por ambas razones (sectarismo extremo y cretinismo parlamentario), el Fit está condenado, en la mejor de las hipótesis, a mantenerse encerrado en sus estrechos límites, con un punto más o un punto menos en los escrutinios electorales del sistema en decadencia.

Asimismo, en las últimas semanas se anunció la creación de otro frente de izquierda, integrado por Mst y Nuevo Mas. En una próxima edición de Eslabón nos ocuparemos de este nuevo intento. Por el momento reafirmamos nuestra posición respecto del concepto mismo de frente de izquierda.

No puede haber frente, decimos desde hace demasiado tiempo, entre pequeñas organizaciones con escaso o nulo enraizamiento en la clase obrera y el conjunto de la población. Los frentes que pueden perdurar y crecer son aquellos formados entre grandes organizaciones que ocupan un lugar relevante en la sociedad, cuando éstas existen. Eso no ocurre en Argentina –y prácticamente hoy en ningún país- lo cual bloquea la perspectiva de reagrupar por esa vía al activo (decenas y probablemente centenas de miles de voluntades dispersas).

Es nuestra convicción que el único camino es la fundación de una estructura partidaria ideológicamente plural, democrática, con concepto de organización de masas, con un programa antimperialista y anticapitalista. Plantado ese objetivo explícito, entonces sí serán válidas todas las instancias transitorias de frente que permitan darle coherencia a contingentes militantes en todo el país. Por ese camino se podrá llegar a un Congreso Fundacional de una organización capaz de levantar una voz audible y creíble para millones de hombres y mujeres. La voz que necesitan hoy trabajadores, estudiantes, pequeños productores del campo y la ciudad, agobiados, confundidos y paralizados por la crisis del sistema y las degradantes formas que adoptan las clases dominantes para ejercer su dominación.

Argentina, 11 de diciembre de 2016

www.uniondemilitantes.com.ar

 

 

 

 

 

 

 

 

Recuadro

Quiénes componen AEA y el G-6

AEA, el núcleo más homogéneo y poderoso, está integrado por empresarios como Luis Pagani (Arcor), Paolo Rocca (Techint), Héctor Magnetto (Grupo Clarín), Carlos Miguens (Grupo Miguens), Aldo Roggio (Grupo Roggio), José Cartellone (Construcciones Civiles) y Cristiano Rattazzi (FIAT Argentina); Miguel Acevedo (Aceiteera General Deheza), Alberto Grimoldi (Grimoldi), Gustavo Grobocopatel (Los Grobo Agropecuaria), Federico Braun (La Anónima) y Enrique Cristofani (Santander Río), entre otros.

Por su lado el G-6 congrega cámaras empresarias a través de sus titulares: Jorge Brito, presidente de Asociación de Bancos Argentinos (Adeba); Adrián Kaufmann Brea, de la Unión Industrial Argentina (UIC); Carlos de la Vega, de la Cámara Argentina de Comercio (CAC); Adelmo Gabbi, de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires; Juan Chediack, de la Cámara Argentina de la Construcción; y Luis Etchevehere, de la Sociedad Rural Argentina (SRA).