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Eslabón Nº 138: Coyuntura nacional y perspectiva de huelga general

Octubre 2016. En el primer plano de esta foto se muestran el sindicalista Omar Suárez, amigo cercano de Cristina Fernández y hoy preso por hechos de corrupción y escándalos varios, la ex Presidente y el papa Jorge Bergoglio. Están en el Vaticano, sonrientes y con gestos de inequívoca interpretación, que deslucen a Fernández y muestran a las claras el lugar del papa en la política nacional. Sindicalistas-empresarios, facción peronista en retirada y jerarquía eclesiástica embarcados en la lucha interburguesa por espacios de poder, frente a las facciones burguesas ahora con las palancas del Estado en sus manos.

 

Continúan revelándose actos de corrupción más allá de lo imaginable. La sociedad observa atónita y asqueada las pruebas del enriquecimiento ilícito de la familia Kirchner y sus adláteres. Mientras tanto, el gobierno de Cambiemos completa un primer período con saldo neto positivo para el oficialismo y sus mandantes: el gran capital local y extranjero.

Contra lo que pretende una interpretación que oscila entre el fanatismo y la ignorancia, Mauricio Macri no aplica un plan de saneamiento liberal. Para 2017 el déficit fiscal aumentará hasta superar el 8% del PIB, contando el pago de intereses. Mantuvo todos los planes sociales, aumentó los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo en un millón y medio de niños y tomó la decisión de saldar una antigua deuda con jubilados que cobran menos de lo correspondiente por sus aportes.

Se gobierna con relaciones sociales de fuerzas concretas, no con criterios ideológicos. Si Macri aplicara las medidas dictadas por la ortodoxia capitalista para afrontar la crisis, no sólo su gobierno sino el sistema político en su totalidad saltaría por los aires. Un 2001 agravado, al punto de completa pérdida de control del poder efectivo por parte de las clases dominantes.

Por eso, más allá de gestos para salvar la figura, no sólo la totalidad de la burguesía apoya al gobierno: también tiene el respaldo de las cúpulas sindicales y la jerarquía eclesiástica.

Argentina bordeaba en diciembre pasado un estallido económico y el consecuente colapso político. Con crédito externo a altísimas tasas el gobierno salió de la encrucijada y a la fecha, tras 5 trimestres de recesión, agravada en el primer semestre de 2016, han sido pagadas las deudas del gobierno anterior con proveedores y empresas de obras públicas. Esas deudas acumuladas por la ex presidente Cristina Fernández y su gobernador en Buenos Aires, Daniel Scioli, completadas por la política aplicada por Macri, paralizaron construcciones, lanzaron a la desocupación a decenas de miles de obreros de la construcción, a otros miles de metalúrgicos y textiles, ahondando una recesión iniciada a mediados de 2015 tras cuatro años de caída y estancamiento. Paralelamente, empujada hacia abajo por la recesión y por la política de restricción monetaria del Banco Central, la inflación que en 2016 superará el 40% comenzó a ceder en el segundo semestre y para el próximo año el gobierno anuncia un 17%, que en los hechos será del 20 al 25%. Un despropósito insostenible, pero pasible de ser disminuido y establecer una tendencia bajista si una improbable conmoción no desbarata los planes oficiales.

El aumento de tarifas de gas y electricidad comienza recién ahora, en proporciones menores a las que reclama la lógica capitalista. Esto no fue obra de movilización popular, sino de una decisión de la Suprema Corte de Justicia, a la cual ni el más confundido analista calificaría de “progresista”. Para el gobierno el retraso en ese aumento no es un problema mayor: tomará más deuda. Como lo hará para abonar un plus anual a empleados del Estado, aunque eso todavía está en discusión. Argentina se sostiene hipotecándose. Y puede hacerlo por dos razones: el capital internacional reconoce la estabilidad política lograda por Macri; además, la agudísima crisis del sistema capitalista en los centros imperiales pone montañas de dinero excedente a disposición de quien pague tasas incomparables con las que rigen en las metrópolis, cercanas a cero o incluso negativas.

También hay muchas promesas de inversiones extranjeras, dada la disposición oficial a conceder en todos los terrenos para recibirlas. Todavía no pasaron de las promesas.

Así, el gobierno puede esgrimir que logró detener la marcha hacia el colapso económico y, esforzarse por mostrar que comienza a experimentar un rebote que, ayudado por ingente obra pública y mayor déficit fiscal financiado con endeudamiento, se apronta a un 2017 con aumento del PIB estimado por el ministro de Hacienda (y el Presupuesto enviado al Congreso) en 3,5%, mientras diferentes consultoras lo sitúan cerca del 5%.

Tales resultados se traducen en un respaldo del 56% al Presidente, mientras que figuras como la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, alcanza una valuación positiva superior al 70%, según consultoras de diferente signo.

A la par, la reconstitución del Instituto de Estadística y Censo (Indec) y el retorno a la posibilidad de contar con datos más confiables (aunque conceptualmente tramposos, como lo son las mediciones sociales y económicas en todo el mundo), dio como resultado que la pobreza alcanza al 32% de los argentinos, con el 6% de ese total en estado de indigencia. Fernández dejó al país con algo más del 29% de pobreza, tras doce años de inédita bonanza en los precios de las materias primas que ingresaron cifras fabulosas al fisco. Macri sumó 3 puntos a ese índice probatoria del fracaso de las clases dominantes no ya para desarrollar el país y mejorar la calidad de vida de sus habitantes, sino para frenar una caída que lleva más de cuatro décadas y se acentuó violentamente en los últimos cuatro años de gobierno de Cristina Fernández.

Resulta paradojal la valuación positiva de la opinión general, aún con las reservas que las empresas consultoras obligan, frente al panorama desolador de la economía y los datos ahora fehacientes de la pobreza. Esto se explica por una razón: buena parte de la población, incluyendo aquí a las capas más favorecidas y desarrolladas de la clase obrera, atribuye el desastre económico al gobierno anterior. La propaganda capitalista asocia el robo descarado de sus funcionarios y el enriquecimiento escandaloso de la ex Presidente con las cifras de pobreza. Nadie, no por error o excepción, alude a que los gobierno de la familia Kirchner pagaron más de 230 mil millones de dólares de deuda externa mientras se endeudaban por otros 200 mil millones.

Hay que aclarar que, así como resulta pueril atribuir ésta última recesión a la perversidad o la condición de clase de Macri, es igualmente falso creer que la indudable inepcia y la descontrolada avidez cleptocrática de Kirchner y su cónyuge son la causa de la crisis en la que desembocó ese período de bonanza sin precedentes. Es verdad que con los ingresos de la explotación granífera (motor además de la reprimarización de la economía nacional) se podría haber paliado en algo la pobreza y la decadencia en todos los órdenes. Pero la crisis es un hecho objetivo del sistema capitalista. Ningún representante genuino de la burguesía (téngase en cuenta que Kirchner y su elenco no lo eran) lleva a la sociedad al empobrecimiento y la degradación social si puede sostener la tasa de ganancia de su clase sin encaminar al país a una catástrofe.

Esto significa que quienes desde cualquier variante procapitalista condenan a Macri, en realidad se embarcan en una lucha por recuperar el poder para usufructuarlo en beneficio propio y no para resolver la tragedia social que asuela a la nación. El único antimacrismo reivindicable, el único con posibilidad de éxito estratégico, es el que asocie la lucha contra el actual gobierno a la ruptura con el imperialismo y la transición al socialismo. Macri esgrime y aplica con relativa eficacia el plan más serio de la burguesía y el imperialismo desde el golpe de 1966. Como todos los planes que los precedieron desde entonces, fracasará. Sin embargo, no será ninguna variante del denominado kirchnerismo, tanto menos de un peronismo reconstruido en torno a oligarcas provincianos y cúpulas sindicales sin base, la que podrá derrotar este plan estratégico del capital. Recuérdelo quien lo haya olvidado: al régimen de Onganía lo abatió una movilización obrera con peso dominante de fuerzas anticapitalistas en su seno. Fue Perón y el peronismo quienes una vez más salvaron al sistema –con ayuda de la CGT, por supuesto, que en 1973 además se afiliaron a la internacional sindical socialdemócrata- al precio de instaurar una dinámica que desembocó en la ferocidad dictatorial.

Antes, también fue la clase obrera la que puso la fuerza social, sus cuadros y organizaciones, para derrotar a la Libertadora. En aquella oportunidad Perón desvió también el camino y llevó al muere al proletariado mediante una alianza con Arturo Frondizi. Es significativo que los titulares más destacados de este gobierno, a comenzar por el Presidente, se reivindican “desarrollistas”. De allí que más tarde o más temprano convergerán formalmente con el grueso del peronismo residual. El desenlace, sin fecha por ahora, será una gran confrontación clase contra clase. Si los trabajadores no tiene para entonces organización, estrategia y programa, el país sería arrasado por una crisis frente a la cual 2001 será un pálido ensayo general.

 

Huelga, sindicatos y partidos

Una huelga general, cuando lo es efectivamente y resulta de una voluntad generalizada en la masa trabajadora, puede transformarse en punto de partida para un ataque frontal al sistema, a condición de que exista una organización política revolucionaria en condiciones de dirigir un período de auge del proletariado.

Por estos días, en torno a un bono de fin de año y disminución del impuesto al trabajo la CGT amenaza con una Huelga. Ninguna de esas reivindicaciones vale para el 40% de los trabajadores sin contrato, ni para el tercio de la población por debajo de la línea de pobreza.

Según lineamientos trazados por el papa, aplicados mediante una estructura de desocupados de naturaleza y prosapia fascista, la CGT busca asociar ahora a las “organizaciones sociales”. Son las que programan supuestas ollas populares, donde un puñado de personas corta calles céntricas y provoca, como en 2001, un malestar general que afecta a todos menos a los burgueses y su gobierno, que mira y deja hacer.

De esta manera la CGT no sólo busca completar la demolición de las CTA, sino que acumula fuerza para ganar espacio en la disputa interna entre las mil fracciones del peronismo.

Si la huelga se realiza sin un plan de lucha y un programa económico-político alternativo, servirá sólo al intento de un sector de la cúpula sindical que busca reorganizar al Partido Justicialista (PJ) en torno a los aparatos gremiales. En otras palabras: se trata de una puja interburguesa llevada a cabo mediante los sindicatos y manipulando necesidades y expectativas de los trabajadores. Si no hay huelga, será por un acuerdo que en nada solucionará la penuria de las grandes mayorías, pero igualmente será capitalizado por la cúpula de la CGT, mostrada como portavoz de las necesidades obreras, lo cual sirve a un sector del PJ como palanca para su disputa de espacios con Cambiemos, con vistas a las elecciones legislativas de 2017. Otro sector del peronismo, ya abiertamente asociado con el gobierno, busca que no haya paro.

Aunque es imposible afirmarlo con base científica, se puede decir que no se observa en el proletariado una demanda efectiva por la huelga. Antes bien, hay sindicalistas que basan su reticencia o franca oposición justamente en el rechazo en amplios sectores de las bases a un paro convocado por las actuales dirigencias. De modo que, adicionalmente, estas maniobras ahondan la división del proletariado.

¿Para qué querría una huelga sin continuidad ni plan propio una organización política que intente genuinamente representar los intereses de los trabajadores? ¿Puede una huelga parcial y con las actuales dirigencias dar lugar a un cambio positivo para la masa explotada? ¿Debe un partido u organización revolucionaria pedir a la dirigencia cegetista que convoque a un paro? ¿O será que se busca una cosa diferente a un ataque frontal al sistema?

Desde luego sería absurdo negarse a apoyar demandas económicas de los trabajadores que desemboquen en una huelga, sea cual sea su dirección. Otra cosa es cambiar la explicación de la crisis del sistema y sus consecuencias sociales con insultos a Macri y con pedidos de huelga a la cúpula de sindicalistas-empresarios que conduce la CGT y tiene a uno de los suyos en el ministerio de Trabajo. Eso es des-educar a los trabajadores. Ayudar a la confusión.

En las actuales condiciones es imposible desbordar a la dirigencia de la CGT en un paro de 24 hs. Y, como queda dicho, su eventual realización no redundaría en beneficio económico efectivo para la clase como tal. Pedirle a la CGT que convoque a un paro es volver a dar un primer paso por un camino que lleve a la resolución burguesa de problemas de la burguesía.

Lo contrario no es la pasividad ni el desconocimiento de las necesidades económicas de las mayorías. Aunque sea más difícil que insultar a la burocracia y exigirle que llame a la lucha (todo en un mismo párrafo), aunque sea menos ruidoso y para cierto activismo menos estimulante que enviar una docena de excluidos a montar una olla con logística financiada por la iglesia o las cajas residuales de un inexistente kirchnerismo, la tarea de los revolucionarios consiste en explicar a la masa trabajadora la verdadera naturaleza de sus penurias económicas y, sin negarse ni por un instante a impulsar medidas que exijan a patronales y gobierno mejoras salariales, empeñarse en organizar con independencia de las patronales, la burocracia y el Estado, tendiendo una red nacional de organizaciones clasistas que asocien explícita e incansablemente las reivindicaciones económicas con la necesidad de un gobierno de los trabajadores y el pueblo.

No podemos impedir que las cúpulas sindicales hagan su labor de manipulación. Sí podemos evitar colaborar con ellas y trazar un camino diferente, que incluye sumarnos sin vacilación a cualquier medida de lucha, la convoque quien la convoque, si en alguna medida cuenta con el respaldo de los trabajadores. Y hacerlo sin deponer ni por un minuto nuestras consignas estratégicas y la incansable labor de organización.

Argentina, 9 de octubre de 2016

 

 

 

 

Recuadro 1

La búsqueda de unidad anticapitalista

 

El 17 de septiembre se realizó en la Facultad de Filosofía de Buenos Aires el encuentro de representantes de 9 organizaciones empeñadas en encontrar puntos comunes para un bloque de acción antimperialista y anticapitalista. Se trata del MST-Nueva Izquierda, Frente Darío Santillán, Democracia Socialista, El avispero, Corriente Política de Izquierda, Partido Social, Emancipación Sur CABA, Economista de Izquierda y Unión de Militantes por el Socialismo. En una jornada de trabajo altamente productivo, la compañera que representó a la Unión de Militantes por el Socialismo hizo una intervención en la que resumió nuestra posición, que reproducimos a continuación.

 

Propuesta de la UMS

La derrota electoral del FPV llevó a su propio colapso y arrastró en su caída al PJ y al conjunto del peronismo.

Así en Argentina culminó una farsa mediante la cual las clases dominantes, tras el colapso del 2001, cedieron temporalmente el poder a exponentes advenedizos de la burguesía con el objetivo de recuperar el control ideológico y político sobre las grandes mayorías. Ahora termina un ciclo de una anomalía funcional en la continuidad de la explotación burguesa y la entrega al imperialismo. Paradojalmente fue CFK quien dio continuidad a la política de Martínez de Hoz y de Cavallo.

En ese período no hubo medidas estructurales de fondo que afirmaran la soberanía nacional:                                                                                           En política energética, que llevó al país del autoabastecimiento a la importación onerosa del gas, a un contrato con Chevron por 40 años, a indemnizar a Repsol y a pagar ahora el barril del petróleo a 20 dólares más del precio internacional.                                                                           En la megaminería: permitiendo el saqueo de nuestras riquezas y el envenenamiento del medio ambiente, vetando la Ley de Glaciares. En el agronegocio: autorizando a Monsanto la introducción de nuevas semillas modificadas, y con ello el avance de la sojización, el desmonte, la desertificación.                                                                          Declarándose “pagadores seriales” de la deuda externa.

Sin cambios estructurales de fondo, CFK y su elenco recurrieron al asistencialismo desideologizante y castrador concediendo subsidios de diversa naturaleza a sectores en condición de pobreza y precariedad. La democracia restringida propia del sistema se implementó a través de costosas campañas electorales, con dominio de los medios de comunicación y la utilización de recursos del Estado.

Ante el avance de las fuerzas antiimperialistas y revolucionarias de América Latina, el gobierno de los K se camufló en una pose superficial de acompañamiento en determinados momentos claves, como fue el entierro del ALCA en Mar del Plata en 2005, pero de hecho incorporándose en el 2008 al G-20, reducto de los principales países imperialistas, y no al ALBA, bastión de unidad antiimperialista y revolucionaria.

Debemos decir que la corrupción, denunciada antes y después del gobierno de Macri, es funcional al sistema capitalista. Los robos al erario público, las desviaciones de fondos de diversa naturaleza, fueron conocidos día a día por el gobierno de los K, sin reacción punitiva de ninguna naturaleza.

 

¿Cómo caracterizar al gobierno de la alianza Cambiemos?         El gobierno que preside Mauricio Macri es del gran capital, con directa participación imperialista y con base política en la Unión Cívica Radical y otros sectores (CC), o sea que cuenta con el apoyo de la socialdemocracia. Macri integra la Internacional Parda, encabezada por Aznar y Uribe, en función de los intereses imperialistas y en ese sentido se lo puede calificar como fascista. Pero un régimen no se define por la ideología de su primera figura, sino por las relaciones de fuerza que lo sostienen.

¿En que consiste la fuerza de Macri?:                                                                                               1. En el ya mencionado colapso del FPV y el PJ.                                           2. En la re-cooptación de movimientos sociales dependientes de subsidios y otras formas de manipulación política, continuando con la política asistencialista del gobierno K, ampliando y aumentando los subsidios a la pobreza, con promesas a los jubilados.                                                    3. En la incapacidad estructural de las clases medias bajas para articular una respuesta política al margen de los partidos de la burguesía.

  1. En una calculada pasividad de las cúpulas sindicales al comando de organizaciones convertidas en verdadera empresas de lucro diverso, cuyo manejo de las “Cajas” consiente y refuerza Macri.                                       5. En la parálisis sin precedentes del movimiento obrero.

Ninguno de los factores señalados se sostendría si existiera otro: una propuesta de cambios raigales, encarnada en estructuras y dirigentes confiables, articulada con vigor e inteligencia por las vanguardias políticas y de clase, a través de una organización de masas.

Aún así la buena teoría advierte que explosiones espontáneas de cualquier sector social pueden obrar como detonante de un polvorín de alcance nacional.

 

Inseguridad y aparato represivo                                                                       En los últimos años han recrudecido, paralelamente a la voracidad de la explotación capitalista, los hechos delictivos hacia sectores populares y capas medias con creciente número de víctimas fatales. Esta ola de violencia hizo que el gobierno de CFK produjera la ley antiterrorista y el actual acelerara la adopción e inversión del gasto público, generando un aparato represivo oficial y privado, legal y clandestino, destinado a reprimir a trabajadores y fuerzas políticas adversas a la entrega de la soberanía y a la concentración del capital. Cerrado el período de dictadura feroz, continuaron las desapariciones, las torturas, los atropellos y la violación deliberada de los derechos humanos. Cabe mencionar que desde hace años vienen creciendo y ocupando territorio las bandas narcotraficantes, seudoreprimidas por sus cómplices desde las policías y las funciones públicas de control.

 

¿Cuál es el objetivo estratégico fundamental de la izquierda en Argentina?

El objetivo estratégico fundamental debe ser el acceso o la toma del poder, como resultado del fortalecimiento de la actividad teórica revolucionaria y la acción de concientización de, en primer lugar, la clase obrera y de las capas sociales más afectadas por la políticas de la burguesía, en el marco de luchas que no se estanquen en el economicismo, el electoralismo y el sectarismo disgregador.

Llamamos a todos los sectores de la izquierda a convocar asambleas de base en las distintas instancias sociales: se trata de echar raíces en la población e ir ganando terreno en la conciencia colectiva, con particular énfasis en la formación de cuadros jóvenes y la proyección futura de un partido de masas.

 

Desde la UMS proponemos un plan de acción

Constituir una Mesa de Coordinación Nacional que elabore:

  1. Un llamamiento a la clase obrera y al pueblo con:
  2. Un Programa por la Unidad Anticapitalista, Antiimperialista y por el Socialismo.
  3. Garantizar para este espacio de coordinación, la prensa regular propia y la acción propagandística.
  4. Elaborar un plan de obtención de recursos para disponer de los medios necesarios para su funcionamiento.
  5. Establecer medidas organizativas que articulen las luchas y vayan conduciendo a la unidad orgánica en un partido de masas.

 

Situación Internacional

El sistema capitalista global atraviesa hace años una profunda crisis expresada en el agravamiento de la calidad de vida de los pueblos, las guerras regionales con el tremendo riesgo de que se desate una guerra mundial de proporciones tales que implique la desaparición de la especie.

En América Latina el imperialismo apunta directamente contra la Revolución Bolivariana de Venezuela que encabeza el ALBA con un programa revolucionario asentado en su propia Constitución y en los propósitos del PSUV de marchar hacia el socialismo. Desde Washington se financia y ejecuta una ofensiva contra la Revolución Bolivariana: infiltración de paramilitares, desabastecimiento intencional y organizado (guerra económica), incitación a la violencia, y campaña mediática mundial. Este plan del imperialismo debe ser derrotado con nuestro apoyo: no caben medias tintas ni excusas ni mirar al costado.

Esto no excluye la crítica constructiva dentro del movimiento revolucionario latinoamericano. Se trata de no declamar un internacionalismo híbrido y descalificador sino de ejercer con dignidad y valentía un internacionalismo actuante.

Expresamos nuestra esperanza de que superaremos los obstáculos que impiden que nuestro pueblo irrumpa con fuerza formidable en este escenario nacional e internacional.

 

Recuadro 2

 

Socialdemocracia en acción

Ante el auge de la delincuencia en Rosario, el gobierno socialdemócrata de la ciudad y la Provincia han encontrado una solución original: llevaron a la ciudad a un grupo de Carabineros chilenos para que estudien la situación y ofrezcan soluciones.

La delegación de los Carabineros incluyó al jefe de Análisis y de Operaciones, entre otros, todos coordinados por el Agregado Policial de la embajada de Chile en Argentina. Permanecieron una semana en Rosario.

Según informa el diario La Capital “El trabajo comenzó con la recorrida de los Carabineros por el barrio La Florida en la zona norte, posteriormente se trasladaron a la zona sur, al Fonavi de Grandoli y Gutiérrez, una zona muy conflictiva de la ciudad en los últimos tiempos, y posteriormente se trasladaron hacia la plaza San Martín, en la zona centro. La idea es profundizar el Plan Cuadrícula, “para estar más cerca del vecino, ganar la confianza del vecino, que conozca al policía que está cerca”, contaron los Carabineros, quienes recalcaron que es un plan que en el país vecino se implementa desde el año 1995 con muy buenos resultados”.

Con socialdemócratas como estos… Pinochet descansa en paz.