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Eslabón 136

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Cuatro meses de derrota peronista y gobierno macrista

En marcha el reordenamiento de clases y sectores con eje en el gobierno encabezado por Mauricio Macri. En cuatro meses las diferentes fracciones burguesas e imperialistas hallaron su lugar y tratan ahora de consolidarlo. En términos económicos, el realineamiento ha sido relativamente sencillo. Otra cosa es en el plano político, como se verá enseguida. La clase obrera está ausente en ese escenario.

Todo gira en torno a un acuerdo central de las clases dominantes: terminó el período de obligada cesión de poder a un grupo burgués advenedizo arribado a la Casa Rosada tras el colapso político de 2001. El empleado solícito se convirtió en voraz depredador. Y puesto que el momento histórico impide un golpe clásico, dado el apoyo electoral obtenido con el recurso de asociarse de palabra al proceso de revolución latinoamericana con eje en Venezuela, el gran capital debió esperar el momento electoral. Llegó el 22 de noviembre.

Ahora el así llamado “kirchnerismo” es cosa del pasado y se mantendrá como subproducto marginal. El peronismo se encamina a una reorganización, presumiblemente tumultuosa y prolongada. Ése es el espacio potencial de Cambiemos. Y la brecha por donde puede irrumpir una política revolucionaria.

Antes de eclipsarse la familia Kirchner cumplió su misión, con el concurso de la totalidad de la burguesía. Primero fue desactivado el proceso de radicalización de masas expresado en 2001/2002 en la proliferación de Asambleas. Luego se completó el proceso de división de las masas trabajadoras, llevando hasta extremos nunca vistos la confusión ideológica y la destrucción organizativa. Cumplida esas tareas, de las que participó consciente o inconscientemente poco menos de la totalidad de las dirigencias sindicales a todos los niveles, ya el “kirchnerismo” no es necesario. Su derrota electoral ocurrió antes de la victoria de Cambiemos. Si el vencedor hubiese sido Daniel Scioli, el desplazamiento fundamental hubiese sido idéntico (con sólo un aspecto diferente, aunque de enorme importancia, que veremos enseguida).

Al comienzo de esta nueva etapa, la burguesía tiene en grado absoluto la iniciativa política. Pese a esto, toda la arquitectura está en potencial peligro de derrumbe, porque el gobierno anterior llevó el desmanejo público y el saqueo individual hasta límites inconcebibles. Restaurar el orden capitalista exige un saneamiento profundo, que por definición caerá como alud sobre los hombros de la clase obrera, dado que ésta carece del mínimo de capacidad para presentar su propia estrategia. Por tanto su eventual movilización sólo puede cambiar la correlación de fuerzas entre las fracciones burguesas que se disputan la hegemonía y que no están sólo en la oposición, sino dentro del propio gobierno. Evitarlo es el eje táctico de una estrategia revolucionaria.

Habrá que considerar, sin embargo, que la crisis económica mundial y local podría desbaratar todo el plan del capital y tronchar la perspectiva de una reorganización estable del poder burgués. Y a eso hay que sumar una eventual deriva violenta de las contradicciones ya a la vista.

Por el momento, sin embargo, lo más probable es una perspectiva inmediata de estabilización económica y política. El gobierno ha cerrado el capítulo de los fondos buitres y reinicia un ciclo de endeudamiento exterior. El conjunto imperial y sus organismos apoya al gobierno argentino en ese rumbo de toma de créditos para pagar deudas externas y gastos internos, que sumado a los más de 200 mil millones de dólares de deuda con Anses, Banco Central y otros, legados por Cristina Fernández, coloca nuevamente al país ante la realidad del saqueo permanente en beneficio del capital financiero local e internacional.

A la vez el gobierno puso algunos límites al desenfrenado déficit fiscal y puede en teoría apaciguar al alza de precios de servicios todavía largamente desfasados, lo cual si no se desbordan otras variables permitirá bajar la inflación. Si merced a endeudamiento financiero y créditos de organismos multilaterales puede además cumplir las promesas de grandes obras públicas –en particular el Plan Belgrano- habrá una reversión de la caída económica y más empleo. En el camino, desde luego, los salarios reales habrán caído lo suficiente para sostener la tasa de ganancia empresaria. Quienes se limiten a defender el poder adquisitivo de los asalariados simplemente contribuirán a consolidar una disputa exclusivamente en el terreno de las clases dominantes. Los enemigos de ese comodín político al que denominan “neoliberalismo”, que por serlo soslayan la lucha frontal contra el capitalismo, actúan de hecho a favor del orden burgués.

Es de destacar que si bien la suba generalizada de precios y el durísimo aumento de tarifas de gas, electricidad y transporte, golpearon a la opinión pública y provocaron una caída en la popularidad de Macri, esto ocurrió en el marco de una aprobación muy alta de su gestión, que habría caído de bastante más del 70% a alrededor del 54%. Siempre según las consultoras habituales, la imagen de Cristina Fernández habría seguido descendiendo y está ahora entre un 20 y 25%. Por lo demás, el gobierno ha encarado la continuidad de subsidios al transporte, el gas y la electricidad, entregado ahora directamente al usuario y no a las empresas. También anunció la eliminación del IVA a los alimentos para jubilados y dependientes de la ayuda social. Y aumentó la asignación universal por hijo, además de aumentar en más de un millón el número de beneficiarios. En total se decidió volcar cientos de millones de pesos al área social. Este paquete de medidas (todo lo contrario del versículo  que califica al gobierno como “neoliberal”) augura una pausa en el conflicto social o, cuando menos, mayor división entre los afectados y la consecuente dificultad para frenar la ofensiva de saneamiento capitalista.

Este es el rostro genuino de una supuesta Argentina republicana y democrática, apoyada por todas las vertientes de la burguesía, acompañados desde el estribo por contingentes de izquierda empeñados en acumular concejales y diputados, sin abdicar de vociferaciones habituales.

 

Geopolítica

Esta escalada tiene el respaldo explícito del imperialismo en general y de Estados Unidos en particular. Para consolidar el restablecimiento del equilibrio capitalista iniciado en 2002/2003, pero también para contraponer la imagen exitosa de un empresario burgués en Argentina con la de un obrero o un indígena socialistas en Venezuela o Bolivia. Aislar al gobierno de Nicolás Maduro y quebrar el bloque del Alba es un objetivo estratégico del Departamento de Estado. Argentina es la clave de ese plan.

Además de su severa regresión económica, Brasil ingresó en una crisis política de la cual no saldrá por años. Aun cuando en el gigante latinoamericano se imponga una política neta del gran capital, éste no podrá ejercer establemente el poder.

La ruptura del equilibrio en Brasil es el elemento concluyente de toda una etapa en la cual América Latina fue signada por la dinámica de convergencia latinoamericana, la constitución del Alba y Venezuela como vanguardia política.

Para afrontar la nueva fase Washington necesita un punto de apoyo. Acude a lo que hay en oferta y esto produce un desplazamiento equivalente a un terremoto geopolítico: el eje de equilibrio capitalista imperial se traslada de Brasilia a Buenos Aires. A condición, claro, de que el gobierno de Macri no se desmorone, lo cual requiere mucha ayuda financiera (y el precio correspondiente para darla).

Por lo mismo, Argentina tiene que ser ejemplo de liberalismo… pero no tanto. El hemisferio está ante una versión tardía y desesperada de la socialdemocracia internacional, que en este caso recurre a un presidente de filiación ideológica ultraderechista para defender lo que cínicamente denominan República. La Internacional Socialdemócrata alcanza así su definición más acabada como defensora del capitalismo en crisis a costa de todos los valores originales del liberalismo y el socialismo. No es la primera vez que lo hace. Pero jamás con este formato de involucramiento formal como base de un gobierno potencialmente ultraderechista. Incluso en Israel se mantuvo escenográficamente fuera del gobierno de ultraderecha.

 

Encrucijada táctica

Un requerimiento esencial de esta estrategia contrarrevolucionaria es identificar al kirchnerismo con los países del Alba a través de la definición de “populismo”. Lo están haciendo, sin pausa, los medios de incomunicación del gran capital. Las masas rechazan a las figuras del régimen calificado como kirchnerista. En los sectores más conscientes de la clase trabajadora, las juventudes y las clases medias, se expresa asco por la corrupción y la mentira de ese grupo de falsos revolucionarios que se enriqueció al mejor estilo de la vieja oligarquía, con un falso discurso latinoamericanista y progresista. Igualarlo a los gobiernos de Venezuela, Ecuador, Bolivia, equivale a debilitar o directamente bloquear la posibilidad de identificación de las mayorías con la idea de revolución que estos países encarnan.

Es posible comprender la necesidades propias de los gobiernos del Alba para salir en defensa de Cristina Fernández. Sin embargo esa necesidad debería retroceder ante evidencias incuestionables:

1º de esta manera traban el accionar de los revolucionarios argentinos que en hipótesis alguna podemos salir en defensa de una banda de delincuentes ahora expuestos a la vista de todos en sus innobles fechorías, al cual han dado la espalda las mayorías no sólo por este rasgo distintivo sino por haber dejado un país endeudado (tras pagar más de lo que se debía en 2003), con un tercio de la población bajo la línea de pobreza y 40% de trabajo no registrado;

2º esto redundaría en una fractura irreparable a corto y mediano plazos entre las masas antimperialistas en Argentina y los gobiernos del Alba;

3º tener ante la sede de Unasur en Quito una estatua de Néstor Kirchner, equivale a identificar este organismo con un procapitalista empeñado no sólo en salvar el sistema sino también en convertirse en uno de sus principales protagonistas, como parte de una “nueva burguesía nacional”, diferente de las clásicas sólo por no tener siquiera en la teoría principios éticos para acumular capital en sus manos.

La solidaridad con el pueblo argentino nada tiene que ver con adhesión a políticos corruptos. Quien crea que con estos recursos se puede avanzar en la unidad antimperialista latinoamericana pasa del pragmatismo a la ceguera.

En cualquier caso, es una línea de acción sin otro destino que la derrota: el imperialismo no puede conciliar con “nuevas burguesías” más allá de transacciones mafiosas en paraísos fiscales. Por su lado, las masas explotadas y oprimidas no le darán jamás el apoyo para enfrentar al gran capital tradicional local y extranjero. Tal política se verá entonces bajo el fuego inclemente del imperio y sin posibilidad de contar con el apoyo de las masas.

 

Canto del cisne

Si el caso del PT, Lula y Dilma, no es suficiente aval para estas afirmaciones, allí está Cristina Fernández. Su aparato político, denominado Frente para la Victoria, se desarmó en los primeros 30 días posteriores a su salida de la Casa Rosada. Para no abundar en detalles y luego del escandaloso espectáculo de la difusión de un video en el que sus socios cuentan millones de dólares y euros antes de enviarlos hacia paraísos fiscales, ocurrió la primera citación de la ex presidente por una causa de inequívoco signo: la venta de dólares a futuro realizada en los dos últimos meses de gobierno, a un precio de $10,60 cuando en la Bolsa local y en Nueva York cotizaba a $15 o más. La operación implicó una pérdida para el Banco Central superior a los 70 mil millones de pesos. Los compradores fueron, naturalmente, banqueros y transnacionales cerealeras. Las comisiones son fácilmente imaginables, aunque difícilmente comprobables.

Al concurrir a la citación de un juez (por caso, cómplice del no enjuiciamiento de dos secretarios de Néstor y Cristina Kirchner, cuyo patrimonio creció en proporciones siderales) Fernández quiso contrarrestar con un acto público posterior a la audiencia. Movilizado el aparato de los municipios de Avellaneda y La Matanza, más la presencia de pequeños contingentes venidos de varias provincias, la ex presidente habló ante unas 15 mil personas.

No se trata sin embargo de la escasa cantidad que fue a acompañarla, sino de quiénes no lo hicieron: ningún gobernador; sólo 3 intendentes; ningún sindicalista relevante, ninguno de los dirigentes con base propia del Partido Justicialista. Para peor, Fernández fue acompañada por impresentables como el multiprocesado Amado Boudou, el repudiado Aníbal Fernández, el detestado Guillermo Moreno y otras figuras menores. Sin proponérselo, la ex presidente exhibió su irreversible declinación.

Para confirmar que no tiene ya organización propia, convocó a una nueva: un frente ciudadano. El nonato Unidos y Organizados ya no sirve ni para mencionarlo. La Cámpora es un aparato vacío. ¿Qué incluirá el frente ciudadano? ¿A los llamados Partido Comunista? ¿A una o dos CTA? Si acaso lograra conformarse, este supuesto Frente no podría competir ni con un frente de izquierdas tal como hoy se presenta.

 

¿Juicio y castigo?

Con la derrota del peronismo y su Frente para la Victoria quedó abierto el camino para una táctica largamente elaborada por sectores del capital: obtener rédito político enjuiciando a funcionarios corruptos hasta lo inverosímil -Cristina Fernández incluida- y expropiar su bienes para mostrarse como un Robin Hood criollo. Esto no hubiese sido viable con una victoria de Scioli. Su derrota además aceleró la disgregación irreversible del consorcio montado por Cristina Fernández en su desordenada retirada. Ya hay varios presos y se espera mucho más, porque algunos de ellos optaron por la reducción de pena a cambio de delación. También hay un desaparecido, Jorge Chueco, abogado de las sociedades compartidas por Lázaro Báez y Cristina Fernández.

Voces informadas aseguran que en los próximos días las citaciones se extenderán y serán imputados y procesados muchos otros partícipes de la rebatiña nacional, incluida la mancillada organización Madres de Plaza de Mayo, todo lo cual servirá para llevar al extremo la denigración de la lucha contra la dictadura, la represión y la violencia capitalista.

En la hipótesis de una relativa estabilización económico-social, no debería desestimarse el potencial político de una cruzada moralizadora, con una cantidad de presos por corrupción, sin excluir a la ex Presidente.

Mucho antes de que el país despertara con una derrota del oficialismo, Eslabón adelantó que sin ceder un milímetro en la defensa de la institucionalidad democrático-burguesa frente a una escalada derechista, en ningún caso defenderíamos a quienes desde el momento mismo de su asunción definimos como procapitalistas advenedizos, enemigos de la emancipación nacional y la revolución de los trabajadores.

 

Sindicalismo y política

Como conjunto el peronismo está donde reclama la “burguesía nacional” no kirchnerista. Tanto las cúpulas del PJ como las dirigencias sindicales están en la ficción de una nueva “Argentina republicana y democrática”.

Macri vacila en llamar a un pacto social. Avanza por el momento con acuerdos bilaterales con cámaras patronales, cúpulas sindicales y representantes del pulverizado espectro partidario.  

En ese cuadro de disgregación la CGT marcha hacia la unificación. Es presumible que en caso de imposibilidad manifiesta de reorganizar el PJ, algunos de los directivos sindicales opten por avanzar en una formación política propia.

Por el momento, el 29 de abril tres fracciones de la CGT programan un acto por el 1° de Mayo. Los dos sectores de la CTA podrían sumarse a la movilización, que en cualquier caso adquirirá dimensiones importantes y mostrará la magnitud liliputiense del insólito acto con el cual Fernández intentó un imposible reposicionamiento.

La UMS convoca a participar de este acto el 1° de Mayo, con banderas y consignas propias de una estrategia antimperialista basada en la unidad plural de los trabajadores. Reiteramos en esta coyuntura el llamado a una recomposición de las fuerzas marxistas paralela a los mayores esfuerzos por lograr instancia de unidad social y política de la clase trabajadora y el pueblo.

No dudamos que la CGT unificada continuará con la política de tregua y acompañamiento al gobierno de Macri. Reafirmamos la convicción de que en el actual cuadro todo el juego tiene lugar en el terreno de las clases dominantes. Si como en otras oportunidades llamamos a participar de una movilización promovida por cúpulas ajenas a los intereses históricos del proletariado es porque valoramos en primer lugar la unidad social y política de la clase trabajadora en toda su amplia estratificación. Ese mar será tormentoso en el próximo período, sea lo que sea que logre coyunturalmente la alianza de Macri, las diferentes fracciones burguesas y el conjunto del sindicalismo realmente existente. Y es en medio de esa tormenta donde los agrupamientos y cuadros revolucionarios debemos acordar una estrategia, un programa de acción y una forma organizativa para ofrecer un rumbo al país.

17 de abril de 2016

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No es nuestra batalla

“y digo que el que se presta 
para peón del veneno 
es doble tonto y no quiero 
ser bailarín de su fiesta”

Silvio Rodríguez

(Yo digo que las estrellas)

 

¿Alinearse con el gobierno pasado o el actual? ¿Defender a Cristina Fernández o apoyar a Mauricio Macri y los disfrazados de justicieros? Otra trampa tendida para confundir y desviar.

Esta vez se trata del juicio a las principales figuras del anterior gobierno, combinada con la imprevista imputación al flamante Presidente.

Aunque se presenta de ese modo, no se trata de personas. Es la lucha interburguesa expresada ahora en una batalla entre la burguesía tradicional y ávidos advenedizos empeñados en edificar una “nueva burguesía nacional”, enmascarada en un discurso falaz hasta la repugnancia.

Es la disputa del capital establecido contra una camarilla que en medio del colapso del sistema político argentino y ante la inexistencia de una alternativa política de los trabajadores y el pueblo, se hizo con el poder en 2003 y se lanzó a la rebatiña más impúdica y grosera en 200 años de historia. Lo repetimos hace años.

¿Por qué deberíamos alinearnos con una de las fracciones burguesas en descarada disputa por la apropiación de la plusvalía? Ambas están signados por la corrupción como vía para la acumulación privada de riqueza. Ambas trabajaron y seguirán haciéndolo contra los intereses de la nación y las mayorías.

Esta no es nuestra batalla. Un trabajador, un campesino, un estudiante, tanto menos un revolucionario, carece de razón alguna para alinearse con unos u otros. Quienes ahora salen a defender a Cristina Fernández, Aníbal Fernández, Amado Boudou y Julio De Vido, entre tantos ladrones camuflados o no, en su mayoría llamaron a optar por Scioli contra Macri el 22 de noviembre último.

Quienes no van ahora a vivar a la ex Presidente acompañando a De Vido, Fernández, Bonafini y otros tantos del mismo jaez, quienes no vieron la necesidad de una fuerza unitaria de masas antimperialista para romper aquella trampa llamando a no votar por ninguno de ellos, tal vez hayan comprendido su error. Pero otra vez llegan tarde: la burguesía en su conjunto tiene la iniciativa. Y la usufructúa, descargando el peso de la crisis capitalista sobre los hombros de las mayorías.

Muy lejos de optar entre el falso republicanismo de Cambiemos o el inútil taparrabos del FpV (ahora prácticamente inexistente como tal), debemos hacer lo contrario: chocar de frente con ambos y continuar enarbolando la bandera de la independencia política de las masas con un programa antimperialista y anticapitalista.

Todas las pruebas empujan a enfrentarlos en conjunto; sin distinción. A la vista del país está la inédita, escandalosa, nauseabunda operación de enriquecimiento de la familia Kirchner entre 2003 y 2016. Pero aparecen también los chanchullos tradicionales de la familia Macri. Se devela la putrefacción irreparable de las clases dominantes. Del aparato judicial que los cobija. Queda a la luz el papel igualmente corrupto de los partidos del sistema. De la prensa comercial que los encubre. ¿O acaso todo esto hubiese podido ocurrir con jueces, diputados, periodistas y políticos probos?

No hay lucha sincera y efectiva contra la corrupción sin la proa enfilada a la abolición del capitalismo.

 

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Corrupción y política

Un maremoto de delitos comprobados sepulta por estos días la estafa moral denominada kirchnerismo. La prensa comercial se escandaliza como si fuera un descubrimiento extraordinario. Los partícipes de la rebatiña califican las denuncias como calumniosa venganza de un gobierno al servicio del imperialismo, para desacreditar al anterior, supuestamente nacional y popular.

Hay que salir al cruce de esta supuesta moral republicana que denuncia a tahúres y ladronzuelos convertidos en cuasi-burguesía al calor del gobierno anterior.

Néstor Kirchner y Cristina Fernández quedarán registrados como los retrata la cámara de seguridad que filmó a sus testaferros contando montañas de dinero. Nadie con moral y luces los defenderá jamás. Dirigentes que se denominan comunistas y tránsfugas de diferentes izquierdas, unidos en la desesperación por garantizarse a sí mismos un lugar en el nuevo cuadro político en gestación, proclaman, con ningún pudor y menos lucidez, la consigna “Cristina conducción”. Lo hacen rodeados de los peores exponentes de la degradación peronista. Eso no es una estrategia. Es un suicidio. Sin atenuantes han llegado al fondo del oprobio y la ceguera.

No es menos insostenible la cruzada moral del nuevo oficialismo. La corrupción extrema del kirchnerismo y sus secuaces bajo un disfraz “Nac & Pop” (así se denominaron ellos mismos, como para que a nadie quedase duda), son dos caras de una misma medalla.

Ahora bien: si se da por cierta (como no podría ser de otro modo) la denuncia de desfalco a la Afip por parte de Cristóbal López y el lavado de cientos de millones de dólares por parte del ex cajero bancario Lázaro Báez, si se suman latrocinios aún no revelados y se asume que miles de millones de dólares están en bóvedas secretas y en cuentas radicadas en Seichelles, si esos montos confirmados se le suma el estimado de lo que aún falta revelar ¿a qué cifra se llegaría? ¿10 mil millones de dólares? ¿15 mil millones?

Pues bien: en un arranque de desesperación por aparecer confiable ante la usura internacional, la Sra. Fernández se declaró años atrás “pagadora serial” y lanzó al viento su gran victoria: “hemos pagado 190 mil millones de dólares”.

No se oyó una sola voz “republicana” denunciar este saqueo descarado. Durante años luchamos contra el pago de la ilegítima y en alta proporción ilegal deuda externa. Ahora pudimos ver a muchos de quienes se opusieron a la consumación del robo aplaudir con sonrisas mientras la ex presidente se calificaba, en consonancia con la amplitud de su cultura, “pagadora serial”.

La denuncia de la corrupción, tanto como ésta misma, se convirtió en un formidable negocio. Durante el período de Menem varios periodistas y uno en particular se especializó en el tema. Denunciaba latrocinios cotidianos del elenco menemista y, simultáneamente, se definía contra el movimiento por el no pago de la deuda externa. Luego aquellos publicistas perdieron sagacidad y no vieron la descomunal rapacería de Kirchner y Fernández, mientras aplaudían lo que contra toda evidencia y seriedad denominaron “desendeudamiento”. Pero ahora otros periodistas y politólogos tomaron su lugar y ganaron celebridad denunciando la corrupción que los héroes del período anterior contribuían a ocultar. Unos y otros tuvieron en común, sin embargo, el respaldo a la necesidad de pagar la deuda externa.

Mientras tanto, el curso de los hechos queda resumido en una ecuación con números aproximados pero ciertos y por demás elocuente: cuando Kirchner asumió en 2003 el país debía alrededor de 200 mil millones de dólares. Él y su esposa pagaron 200 mil millones, como alardeó Fernández. Y contrajeron deuda por otros 200 mil millones de dólares.

Menem, que sólo llegó a pagar 80 mil millones y nos endeudó en 100 mil millones de dólares, queda como un tímido ladronzuelo en comparación con sus sucesores en el PJ y el gobierno nacional. He allí la expresión numérica de la caída en tirabuzón de nuestra sociedad.

La corrupción de Menem y el matrimonio Kirchner es apenas un episodio menor en la trágica historia del saqueo de riquezas y esfuerzos. Políticos, periodistas, medios, analistas y partidos cómplices de ese tipo de robo son parte necesaria de un sistema en decadencia que sobrevive precisamente porque succiona legalmente riquezas extraordinarias mientras permite que algunos gobernantes y sus propagandistas alcancen algunas migajas. Se trata de saber qué es la corrupción y de qué estamos hablando cuando nos referimos a ese flagelo que degrada y desmoraliza al conjunto social.

 

 

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Lección de Brasil e impacto latinoamericano

Nos solidarizamos con los trabajadores y el pueblo brasileño ante el zarpazo que pone al país al borde de una gravísima crisis en todos los órdenes.

Por 367 votos a favor del juicio político a Dilma Rousseff y 137 en contra, la Cámara de Diputados de Brasil encaminó al país hacia un cambio de gobierno e inauguró un período, seguramente largo y muy difícil, de inestabilidad política en el gigante latinoamericano.

Artífice de este zarpazo institucional fue el PMDB, principal partido aliado del PT en las tres últimas elecciones, que tiene no sólo al vicepresidente de Dilma, sino también el control de Diputados y Senadores.

Hacia mediados de mayo la votación complementaria en Senadores dará, según todas las previsiones, el paso institucional para suspender a Rousseff por seis meses y reemplazarla en el cargo por Michel Temer, hasta que el juicio confirme o no la destitución de la Presidente.

Desde el nacimiento mismo del Partido dos Trabalhadores (PT) el PMDB fue su principal enemigo, en tanto que la socialdemocracia local (PSDB) apoyó a Lula en tres de las cuatro elecciones en que fue derrotado antes de alcanzar el Planalto. Luego, el giro del PT llegó al punto de transformar por completo su programa original y aliarse con el PMDB, expresión de los “coroneles” estaduales, capangas representantes de la oligarquía tradicional en cada Estado.

El giro programático redundó en un sistemático alejamiento del PT de los requerimientos de las masas. Esto se tradujo en mayores concesiones al gran capital y sus expresiones políticas, hasta que culminó en este manotazo formalmente legal, pero opuesto por el vértice incluso al espíritu de las instituciones de la democracia burguesa.

Está por verse si el PT, la CUT y el Movimiento sin Tierra lograrán movilizar al país contra la destitución de Dilma. Desde su humilde puesto de combate la UMS apoyará todo esfuerzo local e internacional destinado a ese fin.

Eso no obsta para señalar que la gran lección de este resultado es que la alianza de un partido obrero con la burguesía no puede sino llevar al fracaso de todo plan de reformas positivas y desembocar en la caída del gobierno que las impulsa.

Esto tiene además un cúmulo de lecciones para las fuerzas revolucionarias en América Latina. El secretario de Estado John Kerry aprovechó la situación para llamar a la región a votar por la intervención en Venezuela en la próxima reunión de la OEA. El conjunto de las fuerzas burguesas se regodea mostrando a Dila y Lula acorralados. El mismo día además dos candidatos de derecha pasaron a segunda vuelta presidencial en Perú. Un festín para los reaccionarios de toda laya.

Se confirma así que América Latina ha ingresado en una nueva etapa. Pero ésta no es, como creen propagandistas del capital y pusilánimes reformistas, el fin del poderoso impulso revolucionario que transformó el panorama regional en este siglo. Por el contrario, es el fin de las ilusiones electoralistas, centristas y reformistas, acompañadas por no pocos que se denominan revolucionarios.

En la defensa de la Revolución Bolivariana amenazada de invasión y de nuestros hermanos de clase brasileños, asimilaremos las trascendentales lecciones que nos dejan estos años de lucha y nos armaremos para afrontar victoriosamente la etapa que comienza.