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Eslabón 133

Agotamiento y muerte del último experimento burgués-desarrollista

Significado y perspectivas de la derrota electoral de Cristina Fernández y el PJ

La ficción queda al desnudo. Tras el prolongado engaño el así llamado kirchnerismo deja al país otra vez en bancarrota y en manos de un futuro gobierno reaccionario, sea que gane Scioli o Macri. Urge presentar ante la segunda vuelta un bloque de rechazo en todo el país, con un voto programático que unifique y enrumbe nuestras fuerzas.

Cristina Fernández culmina su mandato con una abrumadora derrota electoral en el corazón del peronismo: la Provincia de Buenos Aires.
La vertiginosa caída en el principal distrito electoral del país arrastró al candidato designado por la Presidente, Daniel Scioli, presentado como ganador seguro el 25 de octubre. Deberá ir a segunda vuelta el 22 de noviembre contra Mauricio Macri.
Los tres candidatos principales, Scioli, Macri y Sergio Massa obtuvieron a nivel nacional 36,86%, 34,33% y 21,34% respectivamente. En comparación con las Paso, realizadas el 9 de agosto, Scioli perdió 2 puntos, Macri ganó 4 y Massa 1. En la provincia de Buenos Aires la gobernación quedó en manos de María Eugenia Vidal, del Frente Cambiemos, con 39,49% contra 35,18% de Aníbal Fernández, actual jefe de gabinete nacional, y 19,22% de Felipe Solá, ex gobernador peronista actualmente alineado con Massa.
Conducido por la viuda de Kirchner el Partido Justicialista fue arrasado allí donde siempre tuvo su base principal. No sólo perdió la gobernación de la provincia de mayor peso en el país, sino también 64 gobiernos municipales en el interior, incluyendo La Plata, capital provincial, y todas las grandes ciudades del distrito: Mar del Plata, Bahía Blanca, Olavarría, Junín, Pergamino, Campana, Rojas… Peor aún: el PJ y el Frente para la Victoria perdieron municipios clave del Gran Buenos Aires, Quilmes, Lanús, Morón, 3 de Febrero, Pilar, entre tantos otros. A la pérdida de la provincia de Buenos Aires, que concentra el 40% de la población nacional, se agregaron derrotas por porcentajes inusuales en la Capital Federal y en las tres provincias con mayor población y desarrollo industrial después de Buenos Aires: Córdoba, Santa Fe y Mendoza.
En este cuadro de desagregación oficial e intento de recomposición burguesa en torno de dos nuevas formaciones, el Frente de Izquierda y los Trabajadores obtuvo el 3,27% y el Frente Progresista el 2,53%. El Partido Socialista, que originalmente encabezó ese sector, tuvo un durísimo revés con la derrota de Hermes Binner, que no logró la banca de Senador por la cual compitió. Otro fracaso estrepitoso lo sufrió el PC, quien se asoció públicamente a la campaña de Aníbal Fernández. El titular de Nuevo Encuentro, el ex intendente de Morón Martín Sabbatella, punta de lanza de Cristina Fernández en su fallida batalla contra Clarín, fue como candidato a vice gobernador de Aníbal Fernández. Perdió esa posición y también la intendencia de Morón, que había delegado en su hermano.
En otro plano y a diferencia de lo ocurrido en las Paso, el voto en blanco y los anulados (entre otros el Voto Protesta) fue bajo a nivel nacional: 2,36 y 0,75; también en Córdoba: 1,22% y 0,82%; en Santa Fe 2,52% y 1,10%. Pero hubo provincias donde cobraron una relevancia mayor. En Chubut hubo 9,58% en blanco y 1,51% nulos. En Santa Cruz 3,65 y 1,08%; en Neuquén 3,72 y 1,42 respectivamente. También hubo una participación mayor de la ciudadanía: del 74% en las Paso al 80,88% el 25 de octubre. Aunque no se puede medir en votos, la iglesia católica y propio Papa jugaron un papel importante en estos resultados. No tanto porque Vidal proviene de ese cenáculo, sino porque Francisco se empeñó personalmente en que Aníbal Fernández, acusado de narcotráfico y participación en asesinatos, no accediera a la gobernación de Buenos Aires.
La razón por la cual Cristina Fernández designó a este personaje –cuyo rechazo en el electorado se elevaba al 70%, dato públicamente conocido- es por lo menos indicativa: los cargos contra el jefe de gabinete provienen de una voluminosa importación de efedrina por parte de personas que contribuyeron con la campaña oficial en 2007 y luego aparecieron muertos, probadamente asesinados en Quilmes (el distrito de Aníbal Fernández), pero trasladados a otro extremo del Gran Buenos Aires.

Detrás de
los números…
Estos resultados no reflejan un mero avatar electoral. Indican un rechazo social generalizado al gobierno, el desmoronamiento del partido peronista y la ausencia de una alternativa por fuera de los aparatos tradicionales del poder burgués.
Se esfuma así la idea de una corriente de peso nacional en torno a Cristina Fernández, calificada ahora por el peronismo como “mariscal de la derrota”, según una conocida expresión de Perón. Pierde toda base de sustentación el llamado kirchnerismo e ingresa en convulsiva crisis el peronismo en general, con aguda aceleración de enfrentamientos internos que se vieron durante la campaña y ahora ponen serios interrogantes no ya para la segunda vuelta, sino sobre todo para la gobernabilidad burguesa en el próximo período.
Un hecho indica la magnitud de la debacle. Por azarosa coincidencia dos días después se cumplieron 5 años de la muerte de Néstor Kirchner. Fernández fue al mausoleo construido en Río Gallegos acompañado sólo por su hijo, dos empresarios socios de éste y un tercero, Cristóbal López, dueño de casinos y bingos–y ahora también de medios de comunicación y negocios petroleros- igualmente socio de la familia y actualmente acusado por la justicia junto a la Presidente y su hijo. Alicia Kirchner, elegida gobernadora de Santa Cruz, encabezó un acto de unas 400 personas. Hasta donde se sabe, es el único evento conmemorativo en todo el país. Por si eso fuese poco para comprobar el estado del kirchnerismo, a tres días de la derrota la Presidente no ha pronunciado una palabra en público ni se ha reunido con su candidato, cuando ya comenzó la campaña por la segunda vuelta.
El aparato central del PJ concluye de este modo un prolongado proceso de degradación durante el cual la corrupción rampante y la penetración del narcotráfico se tradujeron en deterioro de la situación social e institucional hasta niveles jamás vistos.
Con 2,5% de ventaja en la primera vuelta, Scioli sin embargo tuvo un desempeño por debajo no sólo de lo obtenido en las Paso, sino de la media histórica para el PJ, incluso en sus peores momentos electorales. Por eso es improbable que pueda cambiar la dinámica verificada el 25 en comparación con el 9 de agosto entre Scioli y Macri.
Un complejo desplazamiento de fuerzas sociales está detrás de este vuelco en la conformación política del país.
Sin duda las clases medias pasaron a apoyar a Macri y Massa. Pero el fenómeno principal es el vuelco de sectores importantes de la clase obrera industrial hacia esos dos candidatos, que además de obtener un voto rural macizo, ganaron en todos los centros productivos. En Córdoba, por caso, Macri obtuvo el 53,24% contra el 20,4 de Massa y el 19,21 de Scioli.
Se configura de esta manera un cuadro con tres grandes bloques: el Frente Cambiemos, con eje territorial nacional en la Unión Cívica Radical, más el Pro, artificio ultrareaccionario creado en torno de Macri, más la Coalición Cívica, instrumento para las operaciones de Elisa Carrió –portavoz oficiosa del Departamento de Estado- a través de la prensa comercial; el aparato central del peronismo, con Scioli como candidato y Cristina Fernández como sector minoritario en retirada; la disidencia peronista encabezada por Massa.
Las cúpulas sindicales se comprometieron con los tres bloques, sea oscilando entre uno y otro, sea poniendo sus hombres en todos ellos. Sólo la CGT oficialista, el sector más corrupto entre los corruptos, hizo público un apoyo explícito a Scioli. El resultado obtenido garantiza que esta ala de la CGT completará el proceso de disolución acelerando la unificación entre las tres fracciones. En cuanto a las dos fraccionesde la CTA, derrotadas ambas electoralmente, se debaten entre la continuidad de una lenta agonía y la convergencia con la futura CGT unificada.

…Y detrás
del rechazo social
Cuatro años de estancamiento y recesión con inflación, ruptura absoluta de cualquier lazo entre gobierno y población, autoritarismo vacío y caprichoso, corrupción descarada, mentira permanente y fractura entre propaganda y hechos (por ejemplo en el tema del endeudamiento), pago de 230 mil millones de dólares a los acreedores extranjeros, incapacidad ostensible de los funcionarios de mayor grado, distanciamiento real del proceso revolucionario en América Latina, resumido en la inalterable negativa a integrar el Alba y el distanciamiento de la Revolución Bolivariana, desinversión a escala nunca vista en infraestructura sanitaria, educativa, vial, pese a los índices que figuran en los presupuestos, manipulación escandalosa de las estadísticas, complicidad a ojos vista con el narcotráfico,

son algunos de los factores que abrieron una brecha irreparable entre el elenco gobernante, las expresiones políticas de diferente signo, incluido el PJ, las cúpulas sindicales, la clase trabajadora y el conjunto social.
Sólo el salvaje sistema clientelar, la manipulación extorsiva de 12 millones de pobres e indigentes (28,7 y 6,4% respectivamente, según índices de la Universidad Católica) y el fraude electoral explican el porcentaje alcanzado por Scioli, que aún así se inscribe en lo que cualquier gobierno mantiene como piso desde hace años.
Comprado a fuerza de consumo de bienes importados y en el mejor de los casos ensamblados aquí, el respaldo electoral se agotó junto con el fin de los artilugios utilizados para sostener el gasto personal con base en endeudamiento. Todos estos recursos constituyen una hipoteca ya vencida, aparte del significado cultural y moral insuflado en las masas.
Los nudos económicos están a la vista. Si bien los subsidios directos a las personas representan menos del 5% del déficit público, los subsidios a empresas y sectores de alto poder adquisitivo (base de una corrupción desenfrenada) han provocado un desajuste fiscal insostenible, además de un desequilibrio en los precios relativos que, sumado a la fuga de divisas, al déficit en la balanza comercial y al bloqueo crediticio por causa de los fondos buitre y la coacción de la justicia estadounidense (a la que voluntariamente se sometió este gobierno supuestamente nacional y popular), todo con base en la recesión con altísima inflación, configuran un cuadro que en términos capitalistas exige saneamiento con urgencia. A eso se abocará el próximo gobierno, sea el que fuere. No hay duda que para cumplir ese objetivo, más allá de las apariencias políticas para engañar a la población, se unirán los tres bloques mencionados apelando a un “gobierno de unión nacional” o alguna fórmula semejante. Contarán también con el concurso del grueso de las cúpulas sindicales, que por supuesto apelarán a engañosas formas de lucha reivindicativa para mantener sus cargos e impedir un brusco desplazamiento a izquierda de las masas.
Tras 12 año de mentiras y demagogia, el elenco gobernante deja al país en recesión, sin haber avanzado un paso en la industrialización, con inflación devastadora, marginalidad y pobreza crecientes, endeudado como en 2003 tras haber pagado al capital financiero internacional más que ningún gobierno anterior, aislado del proceso revolucionario latinoamericano, con el pueblo trabajador dividido, desmoralizado y sin rumbo y a las puertas de un ajuste económico rabioso.
Es en este cuadro que, antes incluso del recambio presidencial el 10 de diciembre se abre un período de dura resistencia para la clase obrera y el conjunto del pueblo. No habrá defensa exitosa del salario, el empleo, los derechos laborales, sin una estrategia política para los trabajadores y la correspondiente herramienta para llevarla a cabo: un partido de masas, plural, democrático, antimperialista y anticapitalista.

Tareas urgentes
El primer paso para estar en condiciones de encarar ese combate es conformar ahora lo que no se hizo para la primera vuelta: un bloque de rechazo que denuncie ante la población el significado de esta nueva elección y convoque a un voto programático. En nuestra propuesta de Voto Protesta presentamos los puntos básicos de ese programa. Con eso como punto de partida llamamos a la militancia revolucionaria, a las organizaciones políticas y sociales que se nieguen al chantaje de optar entre dos representantes de la burguesía y el imperialismo.
Esa tarea debe iniciarse ya mismo y desplegarse con la mayor energía posible hasta el 22 de noviembre. Los datos reseñados indican que hay un descontento extendido, con picos en algunas provincias y sectores, que expresa su rechazo de manera disgregada. Lograr una primera acción coordinada y hacernos sentir de manera unificada en todo el país será la plataforma para comenzar, inmediatamente después de los comicios, la tarea de encuentro, organización y recomposición.
Proponemos que en cada punto del país se realicen reuniones, asambleas, conferencias, con el objetivo explícito de avanzar, ya a comienzos de 2016, hacia sucesivos encuentros nacionales que desemboquen en un Congreso Fundacional de un partido de la clase obrera, las juventudes y el conjunto del pueblo del campo y la ciudad.

Argentina, 28 de octubre de 2015

 

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