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Eslabón 132

Elecciones sin expectativas, corrupción desenfrenada y ausencia de alternativa

Voto Protesta como plataforma para unifi car fuerzas en un partido de masas, plural, democrático, antimperialista y anticapitalista.

A tres semanas de las presidenciales es dudoso el resultado el 25 de octubre, pese a que Daniel Scioli está primero, a distancia, en todas las encuestas. Es signifi cativo que la burguesía no sepa cómo resultarán los comicios a cuatro semanas de su realización. Más revelador aún es la apatía de la ciudadanía y la visible distancia de los trabajadores respecto a cualquiera de los candidatos.

No es lo más probable hasta el momento, pero tampoco es descartable que el candidato ofi cial sea derrotado. Además aparece otro cambio para esa hipótesis: hay serios indicios de que en las últimas semanas el gran capital local e imperialista (concretamente la Asociación Empresaria Argentina, AEA, nacida precisamente durante la zozobra de 2002) trata de que el desafi ante para una eventual segunda vuelta sea Sergio Massa, en lugar de Mauricio Macri.

Los tres principales candidatos responden en general al gran capital. Pero en modo alguno es desestimable la particularidad de cada uno. En trazo muy grueso, puede decirse que Scioli es la representación de la así llamada “burguesía nacional” (por defi nición entrelazada y dependiente del imperialismo), Macri tiene base en transnacionales europeas (acentuada ahora con el respaldo de la Internacional Socialdemócrata) y Massa tiene una dependencia directa de la Casa Blanca.

Nada de esto es neto: por vía de la internacional parda, Macri está directamente asociado a la política estadounidense para América Latina; con Roberto Lavagn a c o m o figura dominante en su equipo, Massa está flanqueado por la burguesía supuestamente nacional ; y Scioli está públicamente asociado, de manera personal, al Partido Demócrata estadounidense.

Además de la proximidad con tal o cual grupo del gran capital, las vacilaciones de los verdaderos electores (los miembros de AEA), están dictadas por el temor de que Macri no pudiera ganar en segunda vuelta y, por otro lado, por el futuro de la gobernabilidad en condiciones de profundo deterioro económico, necesidad de practicar un ajuste de grandes proporciones y las turbulencias sociales que esto traerá desde el comienzo mismo del año próximo.

AEA alentó desde el primer momento a Scioli. Eso cambió cuando el gobierno respondió designando a Scioli sin mediar las Paso y como vicepresidente a un vástago del ofi cialismo. Como respuesta, pasó a respaldar a Macri. Ahora es visible que AEA ha salido con fuerza a apoyar sin ocultamientos a Massa.

Sea cual sea la resultante de estos zigzagueos, hay que retener lo esencial: en momentos en que reaparece la crisis económica, el cuadro institucional está más que deteriorado y la situación social asegura con- fl ictos serios el año próximo, el gran capital no está siquiera en situación de elegir entre tres candidatos propios. En estos pasos cruzados hay que incluir al Vaticano, que se mueve igual que AEA y tras apoyar a Scioli inicialmente quedó descolocado con la maniobra oficial que puso a Fernández como candidato a gobernador de Buenos Aires y desplazó al candidato del Papa Julián Domínguez.

En lo inmediato, el hecho es que no se pueden descartar dos datos que, de concretarse, darían un giro demasiado brusco a última hora:

– que haya segunda vuelta, es decir, que Daniel Scioli no obtenga 40 puntos y 10 de ventaja frente al segundo. La mayoría de las consultoras descarta hasta hoy que el candidato ofi cialista logre los 45 puntos y venza de ese modo en primera vuelta;

– que en ese caso el segundo no sea Macri, sino Massa. Esto implicaría un cambio muy drástico, puesto que siempre según las encuestadoras burguesas Cambiemos tiene 29/31% y el Frente Renovador 19/22%.

Como sea, la designación de Scioli y su vice, más la posterior victoria de Aníbal Fernández en Buenos Aires (fraude mediante), desarmó la estrategia de la burguesía opositora, lo cual aumenta las posibilidades de que el motonauta menemista y amigo de Clinton llegue a calzar la banda presidencial. Como se ve, el salvataje del sistema en 2002/2003 gracias a un elenco de reemplazo en medio del derrumbe generalizado no sólo tuvo un costo en metálico (elevadísimo, por cierto): se prolonga ahora con inesperadas difi cultades para garantizar la gobernabilidad de aquí en más. Los advenedizos pretenden establecerse. El elenco ofi cial designa una sucesión de ultraderecha y mantiene una retórica “progresista”.

El diario La Nación ha tomado la vanguardia para definir por dónde no pasa para ellos la gobernabilidad burguesa. En un editorial titulado República o narcoestado, afirma en la edición de hoy: “Si Fernández llegara a constituirse en gobernador de la principal provincia de nuestro país, se habría dado un paso decisivo para la conformación de un narcoestado”. Antes de esta afirmación LN pone negro sobre blanco las innumerables acusaciones contra Fernández por narcotraficante.

Esto no es retórica diplomá- tica. Es lenguaje de guerra. Ya estamos en eso. También Bergoglio comparte la necesidad de neutralizar a Fernández y por estas horas sus huestes discuten a quién apoyar en la provincia (XX Solá es el más apuntado) y cómo hacerlo, dado que el corte de boleta puede arrastrar a Scioli. En todo caso, la candidata de Macri, María Vidal, es también una devota seguidora de los dictados de la iglesia.

En cambio stalinistas y peronistas “de izquierda” no tienen dudas: apoyan a Fernández para la gobernación. No es fácil estar a la derecha del Papa, pero a estos bravos no hay obstáculo que los detengan.

Como máximo en 10 días la burguesía debe hacer su apuesta defi nitiva. Al lenguaje de guerra hay que sumarle táctica electoral aplicada, que si a la fecha está definida, no es visible.

Como se puede suponer, no estamos de acuerdo con la opción planteada por LN. Pero no por su condena al ofi cialismo: la república burguesa es ya un narcoestado y no cambiará, sea o no gobernador Fernández. Por supuesto, con uno de ellos en semejante cargo ejecutivo las cosas se pondrán más difíciles y no hay que excluir crecientes formas de violencia. Entre bandas y muy posiblemente contra la izquierda revolucionaria, cuando aparezcamos, como necesariamente ocurrirá a partir de 2016. Pero esto último lo hará cualquier candidato de los tres que están en carrera. Ni siquiera las formas cambiarán.

Así las cosas, no hay razón alguna para que movamos un milímetro nuestro posicionamiento electoral frente a las Paso. Mantenemos ante el 25 de octubre el llamado a un Voto Protesta.

El voto del 25 de octubre

En las Paso del 9 de agosto no hubo un voto masivo de rechazo. Pero sumada la abstención no habitual, el voto en blanco y los anulados, como señaláramos en nuestro balance, el total es largamente mayoritario respecto de la suma total de las expresiones de diferentes izquierdas.

Ahora en ese ángulo electoral sólo queda el Fit, herido por la derrota del candidato PO en las Paso. Es algo a verifi car si el voto joven, que por efecto rechazo hizo ganar a su contrincante, consigue mayor adhesión en esta oportunidad. En cualquier caso, cabe la incógnita de cómo votarán los simpatizantes del PO. Y parece improbable que el grueso de quienes se expresaron a la izquierda voten por esta lista para presidente. Habrá entonces, a no dudarlo, más Voto Protesta.

No tendrá ese nombre, salvo excepciones. Pero expresará el rechazo creciente, aun desorganizado, con elevados grados de desmoralización y desorientación, pero unido en la negativa al chantaje peronista o a la socialdemocracia de ultraizquierda. Será un adelanto de lo que vendrá.

Nuestros intentos por conformar un Frente de Rechazo no tuvieron éxito. Entre otras razones de más peso, también por nuestra escasa capacidad para presentarlo y defenderlo.

La asociación pública de Hugo Moyano con Macri tiene el mismo sentido de la del titular de la CTA no ofi cialista con Scioli. No es extraño que la CTA vaya hacia el candidato de Bergoglio ni que Moyano mire al otro costado, aunque mantiene sus piezas en el destartalado bloque de Scioli y en el tambalenante frente de Massa. Algo resulta evidente: no existe razón alguna para sostener una así denominada “central” cuando no se defiende la independencia política de la clase ni se tiene capacidad efectiva para aunar a las masas en la resistencia económica. Es una razón más que avala la certeza de que se marcha hacia una recomposición de las direcciones sindicales, con elevada posibilidad de que esto desemboque en una central única.

La UMS no tiene que repetir su posición al respecto. Cuando nos opusimos a transformar el Congreso de Trabajadores Argentinos (proyecto explícito de Partido de los Trabajadores) en Central de Trabajadores Argentinos, aseguramos que la supuesta central nunca llegaría a serlo. Del apoyo al Frepaso al 0,5% obtenido por la que la principal figura de la CTA como candidato a presidente, 15 años y muchas derrotas después, habrá que discutir nuevamente y en la coyuntura concreta una propuesta polí- tica de los trabajadores para todos los ámbitos, incluido el sindical.

Además de trabajar para llegar en las mejores condiciones posibles a la concreción de un Voto Protesta el 25 de octubre (y en la segunda vuelta, si ocurre), la UMS debe preparar un punto de encuentro político de amplio espectro para inicios del año próximo.

Se trata de encontrar un punto de unidad antimperialista continental, cuando ya en Argentina habrá un nuevo cuadro. Deberá estar asociado al Alba y, si las circunstancias lo requieren, como presumiblemente será, a la defensa de la Revolución Bolivariana de Venezuela.

Incluso en la hipótesis hasta hoy más probable, una nueva victoria electoral del Psuv en las legislativas del 6 de diciembre, la agresión yanqui continuará. En ese punto, combinado con los planes que para esos días se estará aplicando en Argentina, estribará la posibilidad de un llamado unitario, de naturaleza claramente política, con la estrategia de construcción de partido de masas.

Una fecha posible sería el 24 de marzo. Para señalar la analogía con aquella ofensiva del capital, aunque en condiciones completamente diferentes para todos los protagonistas.

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