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Eslabón 128

Qué hacer ante los próximos comicios 

Frente a las Paso presidenciales y la trampa de octubre

Un esfuerzo de conciencia y voluntad puede enrumbar la situación argentina hacia un destino inverso al programado por las clases dominantes. La situación es extremadamente volátil. El imperialismo está a la ofensiva y sus socios locales tienen la iniciativa. Pero todo está montado sobre un tembladeral. Es objetivamente posible cambiar el curso de los acontecimiento y sentar las bases para que la clase obrera y el pueblo argentinos irrumpa en el escenario latinoamericano y dé un decisivo impulso al bloque antimperialista.

Argentina está ante la coyuntura de un drástico cambio político-social que, a condición de que la vanguardia lo comprenda y asuma, puede permitir que nuestro proletariado y el conjunto del pueblo acudan al encuentro de los procesos revolucionarios de la región, haciendo así posible el inicio de una nueva etapa de desarrollo antimperialista.

Esa perspectiva también la avizoran los estrategas del imperialismo. Y están articulando sus fuerzas en todos los terrenos para convertir el punto de quiebre en una derrota histórica para nuestras naciones.

En medio de una ofensiva estratégica estadounidense sobre el conjunto de América Latina, la catarata de comicios a la que es sometida la sociedad argentina revela hasta qué punto están inermes las filas revolucionarias, precisamente en el momento en que la escalada yanqui se combina con la extrema debilidad y fragmentación de la burguesía local, todo en el marco de la agudización constante de la crisis económica internacional y nacional. Es decir: paralizadas precisamente cuando se abre la posibilidad objetiva de dar un inmenso salto hacia delante.

Washington ensaya una operación hemisférica apuntada a revertir las conquistas obtenidas por fuerzas antimperialistas en la primera década del siglo, materializadas en la creación de Unasur y Celac, con el Alba como fuerza motora de un engranaje menor que rigió la marcha de todo el mecanismo.

Hasta el momento, el intento imperial es exitoso. La dinámica de convergencia dominante en aquel período se ha transformado en lo inverso: una fuerza centrífuga paraliza o, en los casos menos graves, como mínimo desvía el proceso inicial. Brasil y Argentina completaron su apartamiento del fenómeno que aisló a Estados Unidos y dibujó un nuevo mapa regional. Las pujas internas de sus burguesías han destruido al Mercosur. Entre ambas impidieron la realización del Banco del Sur y ahora, en medio de la recesión, la crisis social creciente y una dinámica política que avanza hacia la ingobernabilidad en los dos países, sencillamente abandonaron los grandes proyectos de unión regional y se limitan a sobrevivir, intentando incluso transformar instancias de unificación política, como el Parlasur, en mera cobertura para refugiar políticos perimidos y proteger con fueros parlamentarios a insignes ladrones y delincuentes.

Pese a la ostensible gravedad del proceso en curso, que en caso de consumarse entrañaría inmensos sufrimientos futuros para las masas trabajadoras y el conjunto de los pueblos del hemisferio, hasta el momento la militancia revolucionaria no ha logrado clavar los talones y afirmar las bases teóricas, programáticas y organizativas de una contraofensiva revolucionaria.

 

Panorama oscuro

En Argentina esa incapacidad salta a la vista. Por un lado, están quienes pretenden que en este marco general la obtención de algún cargo en legislaturas provinciales o nacional demuestra un fortalecimiento de la perspectiva anticapitalista. Se trata de un error grotesco, cuando no de una estafa deliberada. Por el otro, un activo antimperialista y anticapitalista que puede medirse en decenas -y acaso centenas- de miles de hombres y mujeres, se deja confundir y paralizar por operaciones cruzadas de aparatos socialdemócratas y socialcristianos y acaba por desaparecer del escenario político real.

Mientras tanto, en medio de un espectáculo patético de degradación y debilitamiento, aparatos y dirigencias burguesas, políticas y sindicales, arrastran al país a una catástrofe que en términos económicos ya es perceptible pero avanzará en lo social y político.

Así las cosas, el 9 de agosto la sociedad es obligada a elegir entre tres candidatos presidenciables inequívocamente definidos como palancas de Washington.

Acaso en otras circunstancias se podría esperar otra cosa de socialdemócratas, socialcristianos, reformistas e infantoizquierdistas. El caso es que unos y otros se aprestan a validar la farsa.

Ya ha habido elecciones en cinco provincias y la Capital Federal. El resultado es por demás elocuente y muestra tres hechos sobresalientes: en todos los casos el 95% de los votos ha respaldado a candidatos de la burguesía; el elenco gobernante ha sido aplastado en todos los casos; los candidatos del capital señorean pese a la pasmosa incapacidad e inmoralidad reconocidas por la sociedad en su conjunto.

El así llamado kirchnerismo ha desaparecido. En rigor, desapareció tras la muerte del ex presidente, para dar lugar al Frepasocristinismo, el cual su vez expiró luego de la elección en 2011. Entonces la Presidente ganó con el 54% y alumbró el cristinismo puro, engendro de corrupción, incompetencia y desmanejo que agonizó desde su nacimiento mismo y expiró con pena y sin gloria el día en que Daniel Scioli fue designado candidato oficial único para las presidenciales de octubre. Para la Sra Fernández y su elenco el único propósito es garantizarse impunidad por tropelías y desfalcos de inéditas proporciones. El robo de la última década -banqueros, capitalistas en general y camarillas mafiosas -entiéndase también narcotraficante- no tiene precedentes. Fernández cambió la candidatura de Scioli por impunidad. Macrino concretó todavía un compromiso formal. Pero si sus aliados se lo permiten (y en su mayoría lo harán), estará dispuesto a barrer la basura bajo la alfombra.

Faltan ahora las Paso presidenciales, primera y segunda vuelta para el premio mayor y gobernaciones de varias provincias, principalmente Buenos Aires, el 42% del electorado nacional. Una catarata absurda de elecciones (cada ciudadano porteño habrá votado seis veces entre abril y noviembre).

Multiplicación de comicios y dispersión de fechas en las que la ciudadanía es llamada a votar son sólo manifestaciones del desorden burgués en su mecanismo de ejercicio del poder. Comentaristas y analistas –multiplicados como hongos tras la lluvia- se hacen lo distraídos frente al hecho obvio de que este descontrol formal traduce la agonía del sistema político, que a su vez expresa la insanable incapacidad del sistema económico.

A cambio de indagarse y reflexionar sobre esta anarquía burguesa, a término insostenible, medios de prensa y empresas encuestadoras trabajan de modo tal que el desenlace se transforma en punto de partida y sólo se habla acerca de cuál de los dos previstos contendientes tras la primera vuelta se llevará el cetro. Empresas encuestadoras corruptas hasta la médula y a la luz pública, ya han decidido que esos dos candidatos son Daniel Scioli y Mauricio Macri. Por el momento marginado, compite otro portavoz de Washington: Sergio Massa. La gran prensa los acompaña. Las dirigencias sindicales se diferencian sólo por apoyar a uno de los tres en carrera. La clase obrera y las juventudes están atrapadas en esta encerrona.

No hay un país en discusión. No hay programa, ni estrategia, ni futuro en debate. Tampoco hay partidos. Hay candidatos. Estólidos hasta la exasperación. Menos ignorantes que cínicos, aunque no se destacan por cultura y conocimientos. No es por sus ideas y proyectos por lo que han llegado a la instancia de competir por la presidencia. Son figuras prefabricadas. A fuerza de dinero y manipulación, siempre con la interesada connivencia de antiguos políticos y comunicadores añejos o novísimos, mientras el país cae por una pendiente más aguda que la conocida cuando la convertibilidad avisó que sobrevendría una catástrofe. Como entonces, ahora callan la verdad de lo que está en curso.

 

Perspectivas

Cabe preguntarse cómo, ante semejante paisaje, puede pensarse en un vuelco suficientemente drástico como para recomponer las relaciones de fuerzas sociales e iniciar una fase en la que los trabajadores y el pueblo tengan la iniciativa política y logren imponer una perspectiva revolucionaria.

No se trata de una interpretación idealista, voluntarista, que desconoce la realidad. Ocurre que ésta, como las islas, tiene bajo la superficie su porción mayor y al cabo determinante.

La degradación inenarrable de la política en Argentina no es sino la expresión más avanzada de una crisis estructural del capitalismo, sobre la que ahora gravita el agravamiento de la lucha interimperialista y la agudización de la crisis clásica en los países metropolitanos. Contra todas las mentiras sistemáticamente difundidas por prensa, academia y partidos, Estados Unidos y la Unión Europea no han salido de la recesión posterior al estallido del 2008. Lograron impedir que esa caída se transformara en depresión. Y ése no es poco éxito. Pero no consiguen revertir la caída.

El colapso de Grecia es sólo una manifestación menor de esa realidad subyacente. Lo verdaderamente grave está en la escalada guerrerista estadounidense sobre todo el planeta. Esto tiene su punto más candente en el despliegue de fuerzas militares de la Otan en torno a Rusia. La respuesta rusa, potencia nuclear equivalente a la del enemigo que la acosa, ya está dada, con dispositivos capaces de resistir una agresión de la Otan y eventualmente contragolpear sobre territorio estadounidense y europeo. ¿Es necesario explicar el significado de semejante dinámica?

Se puede confiar en que el equilibrio del terror se mantenga y postergue sin plazos el desencadenamiento de una guerra nuclear. Esa hipótesis, la menos dramática, tiene como contracara el inexorable agravamiento de la crisis estructural en las metrópolis, la proliferación de guerras regionales (en nuestra área lo están intentando a partir de una tenaza agresiva contra Venezuela) y la recomposición geopolítica a partir de la pérdida de Estados Unidos de su otrora incontestable hegemonía mundial.

Una estrategia revolucionaria no puede soslayar el hecho de que China y Rusia (y el bloque Brics) encabezan un polo planetario opuesto a la lógica estadounidense, aunque esto no se exprese en definiciones anticapitalistas. La ofensiva estadounidense contra la convergencia latinoamericana es parte a la vez de la lucha interimperialista y de la confrontación estratégica de Washington con Moscú y Beijing.

Este cuadro, donde el Vaticano obra como eficiente peón del imperialismo, ha debilitado no ya la dinámica de Unasur y Celac. También ha enredado los pasos del Alba. Sólo la irrupción de los proletariados de Brasil y Argentina en este complejísimo juego de fuerzas, puede cambiar la situación coyuntural de las fuerzas revolucionarias en Venezuela y el Alba frente a la embestida múltiple del capital.

Este cuadro, donde el Vaticano obra como eficiente peón del imperialismo, ha debilitado no ya la dinámica de Unasur y Celac. También ha enredado los pasos del Alba. Sólo la irrupción de los proletariados de Brasil y Argentina en este complejísimo juego de fuerzas, puede cambiar la situación coyuntural de las fuerzas revolucionarias en Venezuela y el Alba frente a la embestida múltiple del capital.

Pero en Argentina sí es posible un esfuerzo supremo para dar vuelta la coyuntura de organizaciones y cuadros revolucionarios, converger con las masas explotadas y oprimidas, mostrar el abismo amenazante de una continuidad en la degradación y derechización del espectro político y a la vez el horizonte de un Alba fortalecido y a la ofensiva estratégica.

 

Elecciones y acción política

No nos oponemos por definición o supuestos principios a la participación electoral. Somos sí irreductibles enemigos del electoralismo. Y en esa desviación han caído las estructuras y cuadros obnubilados por el juego de pequeño poder en los intersticios del Estado capitalista.

En un futuro cercano es una certeza no ya la acentuación de la crisis, sino un verdadero colapso económico y social para nuestro país. En las actuales condiciones, tal desenlace sólo podría ser capitalizado por el fascismo. Incluso fuerzas socialdemócratas y socialcristianas que hoy morigeran los rasgos más tenebrosos de los candidatos en carrera, serían víctimas de la ultraderecha en acción. Y esto incluye a amplios sectores asociados al elenco gobernante, que desde la confusión ideológica o desde posiciones francamente reformistas se han involucrado en esta estafa histórica al pueblo argentino. Tanto como franjas infantoizquierdistas enceguecidas por cargos electorales son potenciales víctimas del fascismo y por lo tanto aliados posibles de una estrategia revolucionaria.

Proponemos un Voto Protesta, programático, para las Paso, la primera y segunda vuelta presidenciales. La vanguardia no debe comprometerse con operaciones minúsculas encerradas en el juego capitalista. Esa independencia en el voto, expresado aunque de manera negativa y de escaso impacto inmediato, es la única posibilidad de hallar puntos de encuentro para recomponer fuerzas sociales y políticas. Cabe recordar lo ocurrido desde 1997 hasta 2001, cuando el Voto Protesta ganó espacio hasta convertirse en una poderosa fuerza que aniquiló al gobierno de la Alianza. No estamos en una situación política análoga. Con diferencias que dan lugar a la confusión, podemos asegurar que todo, en términos políticos y económicos, en el cuadro regional e internacional, es peor ahora que a fines de 2001.

Sobre esta base reiteramos nuestro llamado a avanzar por un camino de encuentro federativo de fuerzas antimperialistas y anticapitalistas. Lo proponemos para ahora mismo, a fin de organizar acciones conjuntas frente a la farsa de las Paso. Pero tendrá más actualidad y viabilidad tras éstas, cuando el activo esté compelido a escoger entre dos de los tres agentes de Washington preparados para ocupar la Casa Rosada. Estamos seguros de que la inmensa mayoría de la militancia no se someterá a esa coacción. El punto es si logramos dar a esa oposición un significado positivo en la recomposición de nuestra clase y nuestro pueblo.

 

Eslabón 128

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