Home >> Eslabón >> Eslabón 127

Eslabón 127

Argentina entrampada

Entre el imperialismo y las mafias

En 2016 comenzará una nueva fase de la lucha de clases. La ficción de recuperación económica dejará un panorama de devastación y saqueo con pocos precedentes. Pero aún estamos bajo las relaciones de fuerza impuestas por la incapacidad de articular una respuesta revolucionaria en 2001/2002. A siete meses del cambio de gobierno la clase obrera, el conjunto de sus aliados estratégicos, la ciudadanía toda, está presa en una trampa electoral y no se ven signos de reacción social para impedir que sea validado por votos un candidato del imperialismo o la continuidad de las mafias, que por supuesto están también imbricadas con el gran capital local e internacional. La tarea de los revolucionarios consiste en hacer los mayores esfuerzos por mostrar esta realidad a las masas y prepararse programática y organizativamente para afrontar lo que viene.

 

Este ejemplar de Eslabón aparece dos semanas antes de la huelga general convocada por los sindicatos del transporte y avalada luego por la CGT. Ya los síntomas de la grave crisis estructural están a la vista de todos. El gobierno se limita a camuflar esos signos y postergar su estallido para después de las elecciones y el traspaso del poder. Las diversas expresiones de la supuesta “oposición” dejan hacer. Por interés, pero también por incapacidad para evitar los daños crecientes infligidos a la macroeconomía capitalista por una camarilla desaforada.

Jamás en un siglo y medio las clases dominantes en Argentina han atravesado una coyuntura de tanta disgregación y debilidad estratégica.

No es el gobierno de Cristina Fernández la causa de este trance dramático. A la inversa: es por la crisis estructural que sacude al país, detonada en 2001 y reaparecida con rasgos diferentes desde 2012, que un elenco como el que actualmente ocupa la Casa Rosada pudo arribar y ejercer tales funciones.

La burguesía salió de la gran crisis que arrolló al gobierno de la Alianza mediante una alquimia desesperada. Ahora paga las consecuencias, aunque éstas no son todavía visibles para el ciudadano común. Como en 1995 y 1999, el descontrol económico no es perceptible para las mayorías. Y la apariencia de la realidad política está dominada por un hecho tan paradojal como incontrovertible: otra vez los aparatos políticos de la burguesía absorben el voto de una mayoría abrumadora de la clase trabajadora, de las clases medias y de las capas más pauperizadas y excluidas de la sociedad (las elecciones Paso en Capital Federal muestran que la propuesta fascista de Mauricio Macri tuvo resultados arrasadores en las villas miseria de la Ciudad.

Anestesiada, la sociedad argentina en su conjunto, con la clase trabajadora como centro vital, elige a sus verdugos en un festival electoral cuya naturaleza antidemocrática está a la vista. Éste es otro aspecto relegado del análisis por el conjunto político involucrado en él, así como por los académicos al servicio del sistema: Argentina ingresó a una etapa abiertamente antidemocrática sin que los partidos y la inteligencia tomen nota de lo ocurrido.

Llevamos ya un año entero de campaña electoral ininterrumpida y el proceso comicial recién comienza. A un costo calculado por el diario La Nación en 100 millones de dólares para cada uno de los tres candidatos principales del capital, se vive una orgía publicitaria sin precedentes. Los medios de difusión del capital, opositores y oficialistas, acompañan este degradante ejercicio de mentiras y ocultamientos, en el que los candidatos presidenciales y algunos de sus adláteres (no más de una docena en total) giran por todos los programas de radio y TV, donde repiten diariamente versículos dictados por asesores tan ignorantes como ellos. El sistema ha llegado al extremo absurdo de que los habitantes de varios distritos, por ejemplo la Capital Federal, deberán votar 6 veces entre abril y noviembre. Si la democracia burguesa es una caricatura grotesca de la genuina democracia, esto es un remedo nauseabundo de la democracia burguesa.

 

En el mismo lodo…

Al compás de esa degradación del sistema, los aparatos políticos de la burguesía transitan una fase de decadencia extrema. Fragmentados y corrompidos hasta lo indecible, sin un solo líder reconocido y respetado como propio por las masas, ofrecen un espectáculo repugnante de incapacidad e inmoralidad individual, rodeada por la ausencia de principios, programas y estrategias. Los denominados “políticos” pasan de un partido al otro, de un bloque a su contrario, con absoluto desparpajo. Una pretendida adalid del republicanismo, Elisa Carrió, tomó la delantera ya desde el año pasado para arrastrar al bloque socialdemócrata Unen tras la candidatura de Macri, el ahijado de la Internacional Parda. Convención mediante, la UCR se sumó a esa política indigna y suicida.

El candidato oficialista, encarnación de lo inverso que dice representar el oficialismo, esgrime como principal valor para ser presidente su capacidad para decir nada y hacerse el idiota repitiendo el latiguillo de “tengamos fe y esperanza”. No obstante, tiene el respaldo de las dirigencias de los principales sindicatos y, por ello, tras el impulso dado a Macri por el vuelco de la UCR y la bendición del G-6 (núcleo de las principales empresas de capital nacional y transnacional), succiona a candidatos desesperados del bloque presidido por Sergio Massa, tercero lejos ahora en las encuestas.

Para revertir esa caída, Massa hizo un acto de masas el 1º de Mayo. Direcciones sindicales amarillas e intendentes corruptos, todos desesperados por la inminencia de una derrota anunciada, llevaron más de 50 mil personas al estadio de fútbol del club Velez Sarsfield. Sin contar la publicidad, ese acto no puede haber costado menos de 30 millones de pesos. Pocos días después, una de las figuras de ese acto –la única mencionada por Massa en su discurso- rompió con el candidato y pasó a ofrecerse al mejor postor. La farsesca “revolución de los intendentes” se muestra en toda su dimensión de estafa política.

Mientras tanto, para celebrar el día del trabajador la CGT emitió un comunicado, la Presidente despachó un twit y el donominado Frente de Izquierda y los Trabajadores realizó una concentración en Plaza de Mayo, donde reunió varios miles de asistentes, que escucharon cómo se debe hacer para obtener más votos en la catarata electoral en curso. Ese sector neo-socialdemócrata propagandiza como un triunfo el resultado electoral en las Paso de Capital Federal, porque con el 2,26 % le ganó a todas las demás expresiones electorales de la izquierda (0,40 el MST, 1,4 la UP [CTA], 0,2 Libres del Sur….). Para semejante análisis no cuenta que el 92% de los votos válidos fueran a candidatos que se proclaman a sí mismo representantes de la burguesía.

Los asesores de Massa vieron en este cuadro la exigencia y la posibilidad de presentarse como abanderados del peronismo redivivo. El informante de la embajada yanqui hizo un discurso radical: eliminación del impuesto al salario, cárcel para todos los corruptos, limpieza total de todos los cargos donde el gobierno coloca desde hace dos años a miles de funcionarios de la Cámpora…

Con tales promesas, avaladas por el equipo que acompañó a Eduardo Duhalde en su agitada presidencia 2003-2003, Massa intentó revertir la fuga de aliados. No lo logró. Y pasó a asumir públicamente la exigencia del imperialismo y el gran capital –denunciada hace meses por Eslabón- para hacer un bloque único de la oposición. Propone ahora sumarse a una Paso junto con Macri. De hecho, éste acompañó a Massa en las legislativas de 2013. Para esa elección, en realidad Scioli desistió a último minuto de romper con el oficialismo como lo hizo Massa, por lo cual no es impensable tampoco un vuelco de éste en un acuerdo con aquél. Tal el grado de desorientación, debilidad y ausencia de cualquier principio y programa por parte de los tres candidatos con los cuales la burguesía ganará las próximas elecciones.

En cualquier hipótesis, ése es el verdadero problema: aun sin partidos, ni genuinos sindicatos, ni dirigentes con un mínimo de respetabilidad ante la población, el capital continúa con el control electoral absoluto de las grandes masas. Una práctica desplegada al margen de esta certeza no es ni podría jamás ser una política revolucionaria. Incluso en el caso –para nada descartable- de que en un futuro próximo las masas produjeran un drástico vuelco electoral, es claro que tal posibilidad no se canalizaría a través de esta neosocialdemocracia que en lugar del rugido de la revolución emite lastimeros maullidos de gatito en busca de leche.

Sindicatos al servicio del capital

Mientras tanto la CGT y sus aliados para el exitoso paro general del 31 de marzo, desecharon la continuidad inmediata de un plan de lucha. Subordinaron explícitamente nuevas medidas reivindicativas al curso y los requerimientos en la lucha interna de los tres grandes bloques burgueses. Un sector de la CGT-Moyano apoya a Scioli, otro a Massa y un tercero llega a lo impensable: glorifica a Macri. El titular de la UTA, alineado con la CGT oficialista, calificó al candidato fascista como “el mejor peronista”. En la CTA disidente la cúpula dirigente se divide entre quienes apoyan la propuesta socialcristiana de UP y quienes ensayan pasos de alianza con el Gen de Margarita Stolbizer, quien ocupa el lugar dejado vacante por Hermes Binner y representa el ala socialdemócrata negada a sumarse a Macri. En otras palabras: la independencia política coyuntural y estratégica de la clase obrera no tiene absolutamente representación política para estas elecciones.

Quienes verbalmente sostienen esa bandera, la niegan con su política concreta, no sólo por caer en la ceguera sectaria de desconocer la dinámica concreta de las clases frente a la crisis. También lo hacen porque se ubican en la vereda contraria al proceso revolucionario latinoamericano: califican a las direcciones de los países del Alba como aliados del imperialismo y se ofrecen como agentes de la confusión, el desánimo y el desarme para la vanguardia continental, en un momento clave de frente único antimperialista.

El costo de este juego

Bajo esta hojarasca en estado de putrefacción, avanza la crisis económica del capital, llevada al paroxismo por la camarilla gobernante. Para evitar la explosión latente desde hace dos años, han frenado la economía y producen un ajuste clásico mediante la mortal combinación de recesión e inflación. Con objetivo exclusivamente electoral ensayan ahora un auge de consumo de cortísimo plazo (“todo en 12 cuotas”). Supuestamente este impulso se vería acentuado por los aumentos de paritarias. Y crearía un nuevo clima para mediados de año, antes de las Paso presidenciales del xx de agosto. El propósito es convencer a una porción del electorado (cuyo eje está en la clase obrera formalmente empleada y con mayores ingresos), de que el ajuste en ortodoxo en curso desde hace un año y medio no es tal y que se retorna a la bonanza.

Todo lo contrario es verdad. En los últimos 10 años el gobierno ha pagado 220 mil millones de dólares al capital financiero por intereses y amortizaciones. Menem aparece como tímido aprendiz de entreguista al lado del matrimonio Kirchner. Y para camuflar la realidad y mantener la mentira como discurso oficial pseudo progresista, ha provocado una suma de desequilibrios macroeconómicos más grave que el existente al fin de la convertibilidad. Aquél estaba casi exclusivamente centrado en el desfasaje en el precio del dólar. Ahora, con una distorsión algo menor en ese sentido, pero de todos modos muy elevada (los economistas de la burguesía calculan en $15 el dólar para ellos necesario), hay otro aspectos en los que el saneamiento inevitable para el capitalismo golpearía simultáneamente y de manera durísima sobre los asalariados y la masa desempleada (alrededor del 16%, según la CGT), además de otro vasto sector hoy contenido con planes sociales sin contrapartida en ingresos genuinos para el fisco.

El G-6 exige ahora con mayor énfasis que el conjunto de la pseudo oposición vaya a elecciones con fórmula única. A la fecha es imposible saber si lo logrará. En cambio, con el concurso de Jorge Bergoglio las facciones sindicales tienden hacia la unificación. El capital no puede confiar en la capacidad de sus partidos y redobla expectativas en el papel de las dirigencias sindicales, convertidas en garantía del sistema. Por eso se realiza la huelga general del 9/6.

Esta huelga cambiará las relaciones de fuerza entre las facciones del capital, pero no entre las clases: los trabajadores van en silencio a remolque de dirigencias que no son propias. Hay que subrayar, sin embargo, que el resultado de la medida de fuerza, con certeza altamente exitoso, afectará duramente al elenco gobernante y, potencialmente, abre espacio para que la crisis política desequilibre al régimen. Hemos repetido que ese desenlace está latente desde hace tiempo.

Por supuesto la UMS apoya la huelga y participa de la movilización a Plaza de Mayo y otras que se decidan. Pero hace los mayores esfuerzos por explicar al menos a la vanguardia sindical el verdadero significado estratégico de esa medida: acumulación política a favor de direcciones total y completamente comprometidas con el sistema capitalista y, en muchos casos, con las peores expresiones de éste, como lo son las mafias enquistadas en sindicatos, clubes de fútbol y organismos del poder burgués (Ejecutivo, Legislativo, Judicial, policías, fuerzas armadas…). Al día de hoy las masas están entrampadas y van hacia un apoyo político a sus peores enemigos, como lo certifican las elecciones parciales hasta ahora realizadas.

El costo para la burguesía de contar con las cúpulas sindicales tiene su precio en términos de distribución de la renta. Y el hecho es que la crisis general y propia no deja margen para una operación de largo aliento en ese sentido.

De modo que, con mayor o menor incidencia de las cúpulas sindicales, con uno u otro candidato vencedor, el fin de fiesta será más que duro; la desagregación en las cúpulas aumentará y tenderá a reproducirse en las masas, que a su vez estarán ante la obligación de asumir y dar respuesta a la brutal agresión económica que viene. Para eso está el general Milani, involucrado en desapariciones y torturas durante la dictadura, en la jefatura del ejército, sostenido por la Presidente y avalado por toda la pseudo oposición.

Como adelantamos en la Resolución del Plenario Nacional de febrero de 2014, nuestro país avanza hacia una situación pre-revolucionaria. Y esto ocurre sin organización y conducción revolucionaria posible a la vista en lo inmediato. Así, sobre todo a partir de la desagregación social hoy dominante en el país, el riesgo de una deriva fascista para salir al cruce de ese inexorable alza de masa es evidente. Sólo la enajenación sectario-socialdemócrata puede desconocerlo.

Para grupos y organizaciones revolucionarios este cuadro de situación plantea un desafío de alcance histórico.

La UMS reitera desde hace mucho su llamado a una Organización Federal para la Revolución Argentina. Es hora de comenzar a llevarlo a la práctica, incluso en medio de la antidemocrática y enajenante ola electoralista que envuelve al país.

 

21 de mayo de 2015

127 Eslabón

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *