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Eslabón 122

El país que deja Cristina Fernández

Ajuste clásico

de un gobierno desclasado

Cayó un 9,7% el producto bruto industrial en agosto último en relación a agosto de 2013. Para

2014 la caída del PIB se estima en -4%. Los preciosaumentaron alrededor del 40% en general, perolos alimentos superan el 50%. Cae a ese ritmo elsalario real. Pero además fueron despedidos nomenos de 500 mil trabajadores en ese período. Eldólar único que estaba a $4 un año atrás está hoya 8,40 el oficial –inaccesible, para particulares eimportaciones- a 16. En el ministerio de economíano saben calcular el porcentaje de esta suba.

Tampoco el impacto que viene sobre precios.Aumenta de manera rampante la pobreza, la marginalidad y la obligada contraparte de esabrutal violencia social: la denominada«inseguridad» que no es otra cosa que la luchasalvaje, sin sindicatos ni partidos, por el repartode la renta. En tanto se han pagado 200 milmillones de dólares por una deuda externa ilegítimae ilegal. Y se han fugado otros 200 mil millones.

Pese a lo cual debemos …200 mil millones: lomismo que en 2003. Así termina la farsa que ha tomado diferentes identidades en 12 años:kirchnerismo; frepasocristinismo; cristinismo puro.

Fascistas, imperialistas, burgueses desahuciados, sindicalistas corruptos y patrullas perdidas desupuestas izquierdas se aprontan para hacerse cargo de la obvia tarea por delante: descargareste cataclismo sobre las masas populares y continuar sangrando al país.

¿Qué haremos ahora los trabajadores argentinos, los estudiantes, el activo militante, tras el hundimiento sin remedio del supuesto antídoto contra las perversidades atribuidas al «neoliberalismo»?

Casi dos años de estancamiento y recesión en ausencia de rumbo y timonel muestran ya la suba en flecha de la desocupación, caída de salarios reales, descontrol inflacionario, desbarajuste fiscal, vaciamiento de reservas, cesación de pagos externos con aumento del endeudamiento,

cierre de fábricas y suspensiones en todas las áreas de la economía.

Por razones comprensibles, los políticos burgueses y su socios reformistas se esfuerzan por repetir que «esto no es 2001», en referencia al colapso que, con la consigna «que se vayan todos», arrastró al gobierno de la Alianza frepasista-radical y dio lugar a la proliferación de Asambleas en un fallido intento de hallar el rumbo. Tienen algo de razón: lo que viene es peor que aquello.

Con erráticos gestos de supuesto antimperialismo y medidas económicas en sentido inverso,

Cristina Fernández encabeza la marcha del país hacia el abismo.

Otra vez los de abajo obligados a pagar el costo atroz de la crisis. En esta oportunidad con un elenco «estatista», pseudo nacional y enmascarado como popular, que en estos mismos momentos prepara la sanción de una ley de hidrocarburos que viola la soberanía y resigna

cualquier perspectiva de desarrollo económico independiente. Final acorde con la naturaleza y

carácter de esa ficción que elfacilismo periodístico denominó

«kirchnerismo», cuando en realidad fue el precario salvavidas de una clase dominante que, en medio del colapso, admitió que las palancas formales del poder quedaran en manos de un equipo con los requerimientos necesarios para salir de la encrucijada, frenar el ímpetu de aquellas Asambleas sin dirección y restaurar el sistema tomando como modelo a… Alemania (eso era en el apogeo; ahora la misma Alemania y la misma Canciller son tildados de buitres y el modelo pasa a ser Arabia Saudita).

Hoy la disgregación del equipo y los bandazos de la Presidente están a la vista de todos y provocan cada día reacciones de rechazo, de la ira a la risa, sobre todo cuando Fernández habla en público.

Pero no es reciente la caída. En 2009 Kirchner fue arrasado en las urnas y el desastre liquidó al PJ y al FpV (el derrotado llegó a renunciar a la presidencia del PJ, aunque luego nadie recordó eso). Con su titular, fue sepultado el «kirchnerismo». El lugar lo ocupó un engendro aún menos consistente: el « f r e p a s o c r i s t i n i s m o » , supuestamente más vital y poderoso, dado que en las presidenciales Fernández obtuvo el 54% de los votos. El coro de opositores fue más genuflexo que el de los aduladores. Pero pronto llegó el naufragio de las legislativas y el

edificio supuestamente recompuesto, se derrumbó más estrepitosamente. Entretanto hubo

grandes manifestaciones sindicales y varias marchas masivas de las clases medias. Fernández arrojó de la Rosada a los remanentes frepasistas y del «frepasocristinismo» se pasó al

«cristinismo puro». Así, con prístina pureza, el país entró en tirabuzón.

El elenco advenedizo de 2003, sin base en ninguna clase de la sociedad, vivió de prestado desde entonces. Lo acreedores fueron la UIA, la CGT y la CTA (completas primero y fraccionadas después), grupos llamados «piqueteros» y restos de partidos políticos corrompidos de la izquierda. No queda nada de aquello. El invento de «Unidos y Organizados» se volatilizó. Quedó en su lugar un engendro tan patético como inconsistente, «La Cámpora».

Fernández ya no tiene dónde sustentarse.

Esta agotado el recurso desesperado del sistema, útil para que el capital desviara primero y postergara después la reiteración aumentada del colapso en 2001.

Sus sucesivas denominaciones se desvanecen. No tendrán historia; quedará sólo prontuario. Ahora viene otra etapa. El cuadro local se completa con el cambio de ciclo económico en el conjunto de países subordinados y dependientes. Y halla su verdadera dimensión futura en la crisis estructural y coyuntural sin salida de los centros imperiales, lanzados a la guerra en los cuatro puntos cardinales.

Ni un ápice de exageración en este diagnóstico resumido. El capitalismo mundial afronta una

gravísima situación, sin precedentes y sin contraparte consciente y organizada. Argentina será

doblemente castigada por la crisis mundial y el irreversible agotamiento de su envilecida

república burguesa.

Hay un único camino, sin opciones, para quienes pretendemos un país dueño de su futuro, donde el trabajo sea medio de realización individual y colectiva, con igualdad, con justicia, donde la vida cotidiana sea racional y gratificante, opuesta al salvajismo irracional que crece cada día y asuela a nuestra sociedad. A ese camino lo llamamos Revolución y, al futuro, República Socialista de Argentina.

No habrá un simple recambio burgués

Resta un trecho difícil para llegar allí. Pero antes incluso de emprenderlo habrá que evitar que

el país sea arrastrado una vez más hacia un falso atajo que lleve al país al abismo de la completa desagregación social, la explosión económica y la victoria del fascismo.

Ya el problema no es el actual elenco oficialista. La suerte está echada y la única duda es si llegan a los tumbos a diciembre 2015 o huyen antes.

El problema reside en otra parte: la permanencia en franja importantes del activo militante de

ideas reformistas pro sistema. Ante la evidencia del final de fiesta, las mayorías están volcándose en una primera instancia en favor de los mismos que acompañaron al gobierno desde 2003: como funcionarios en los máximos cargos, o como oposición acomodaticia y

cómplice. Con su apoyo o protagonismo se hizo la llamada «reestructuración» de la deuda, entre tantas otras estafas políticas y morales. Ahora mismo acompañaron al oficialismo hasta el tribunal neoyorkino para pedir clemencia a los buitres y conseguir la gracia de «seguir pagando». Es lo que harán; desde ahora mismo y sobre todo a partir del año próximo.

Para enfrentarlos ya no basta con el discurso «antineoliberal». Una de las estafas ahora insostenibles es la que ocultó el capitalismo tras el socorrido «neoliberalismo». El daño provocado por tamaña tergiversación se completó con la identificación de la técnica

keynesiana (que no teoría) con el marxismo. El periodismo venal aprovechó el mar revuelto para condenar desatinos de burgueses sin burguesía acusándolos de «marxistas». Pero no pocas fuerzas revolucionarias cayeron en la reivindicación de Keynes y pasaron a defender «la intervención del Estado en la economía» con prescindencia del carácter de clase del Estado en cuestión. Aún perduran los efectos de este insólito desvío conceptual. Pero la maniobra de tramoyistas que reemplazó «capitalismo» por «neoliberalismo» tiene ahora una prolongación que pretende camuflar el papel del capital financiero con plumas de «buitres».

«Patria o buitres», dicen estafadores y estafados. Son buitres «quienes no nos permiten pagar la

deuda externa». Semejante agresión inaudita es contra este gobierno, «pagador serial» según su titular, quien se vanagloria porque en diez años «hemos pagado 190 mil millones de dólares» (en rigor, fueron más de 200 mil, aparte el nuevo endeudamiento). Los restantes acreedores (el 93%), son …patriotas. Y frente a estas expresiones de supremo cinismo embaucador, aplausos en la corte de la baja nobleza. Sin excluir a personas que se llaman a sí misma comunistas. Para colmo de la vergüenza, algunas de ellas apuntalaron durante años un periódico llamado Deuda

E(x)terna, que mes a mes explicaba una realidad resumida por Fidel Castro en pocas palabras: «Esta deuda externa (latinoamericana, pero especialmente argentina, ilegítima y en muchos casos ilegal), es incobrable e impagable».

Está a la vista que con migajas de esos 190 mil millones de dólares se puede comprar mucho. El problemas es que no se puede satisfacer al capital financiero, mientras crece de manera descontrolada la deuda con la nación y el conjunto del pueblo.

Estado del movimiento obrero

Argentina no podrá pagar, por supuesto. Por eso habrá nuevas refinanciaciones y quitas. Nuevos

«Planes Brady», nuevos «Blindajes», con otros nombres y un mismo doble objetivo: mantener

el dogal al cuello de la nación y sacar de ella el máximo posible de renta, recursos naturales y compromisos permanentes.

o está en manos de las fuerzas revolucionarias frenar la dinámica hacia el estallido económico (mucho menos aconsejar medidas al gobierno en retirada). Podemos en cambio hacer una contribución para detener la espiral de desagregación social y, con ello, ponerle un muro al

fascismo.

Como primera exigencia este objetivo impone luchar por la unidad social y política, persistiendo en el propósito de que los trabajadores busquen la unidad sindical y electoral.

Mantener la división en supuestas cinco centrales lleva a lo que tenemos enfrente: que cada sector se sume a una variante de la burguesía, sin rechazar siquiera a candidatos que

directamente asumen posiciones fascistas y forman parte de la Internacional Parda.

Detrás de esto no está únicamente la naturaleza procapitalista de los sindicatos y sus direcciones en esta etapa histórica. Pesa también, de manera decisiva en la coyuntura, la parálisis del movimiento obrero, combinada con la ausencia de una política adecuada por parte de las vanguardias reales y potenciales. No se registra un momento de parecida desmovilización en la historia del movimiento obrero argentino.

Cabe en este punto refrescar una noción clave en la teoría revolucionaria: el conjunto del pueblo y, particularmente, la clase obrera, son espontáneamente reformistas.

Si no fuera así, no habría revoluciones, sino reformas sucesivas que al cabo llevarían a la transformación completa de la sociedad. Al contrario, las revoluciones se producen precisamente porque las masas soportan los costos de la crisis capitalesta hasta que les resulta insoportable, punto en el que se sublevan, sin que ni ellas mismas, ni ninguna fuerza política o sindical, determinen el momento de esa explosión. Todo lo que podemos hacer los revolucionarios frente a este proceso social inexorable es estar preparados conceptual y orgánicamente para cumplir el papel de vanguardia efectiva cuando las masas se ponen en marcha.

Aquí, otra vez, es obligatorio bregar por la unidad social y política –formas de unidad de acción, herramientas políticas plurales, búsqueda constante del frente único- mientras se trabaja sin desmayo por la formación de los cuadros y su organización en partido revolucionario.

Si, por el contrario, en una coyuntura como ésta los equipos militantes subordinan las posibles formas de unidad de clase a posibilidades de ganar espacios institucionales propios, incluso si por un momento tienen éxito, en realidad anulan la perspectiva de combate de la clase y en definitiva cavan su propia sepultura como pequeños aparatos. A la vez, la intervención sin estos criterios en los escasísimos conflictos obreropatronales, si bien pueden dar notoriedad circunstancial a alguna sigla, contribuye a debilitar a la vanguardia obrera y, por lo mismo, alienta las tendencias a la disgregación, con lo cual afirman el camino de las peores burocracias y los sectores de la burguesía para los cuales trabajan.

Frente al ajuste clásico

Empujada por la recesión y el debilitamiento político extremo del gobierno, Argentina ingresa así a una fase en la que previsiblemente aumentará la conflictividad social. El choque de intereses entre trabajadores y burgueses no es por sí mismo lucha de clases. Para serlo, requiere conciencia en la mayoría explotada del lugar que ocupa en la sociedad. Si huelgas y movilizaciones conllevan la perspectiva de votar por alguno de los elegidos por el capital para 2015 (Scioli, Massa, Macri, Binner, Cobos, Sanz), esas luchas están derrotadas de antemano. Lo mismo vale si la idea es que tales manifestaciones de la lucha reivindicativa son utilizadas por reformistas o infantoizquierdistas para ocupar un pequeño espacio en el derruido edificio institucional del capital. Quienes gustan hablar de traición para explicar los fenómenos políticos, deberían saber que en un momento histórico como el actual no hay peor traición al movimiento obrero y a la revolución que permanecer pasivos frente a esta operación estratégica de encerrona a la clase obrera, consistente en impedir que su resistencia económica se transforme en lucha de clases.

Nuestra tarea es precisamente lo contrario: participar en cada circunstancia con el objetivo de dar un paso hacia la unidad social, educar sobre la naturaleza del sistema capitalista, la situación de crisis internacional, el papel y lugar de la revolución en marcha en países como Venezuela, Bolivia y los restantes miembros del Alba, y las formas de organización de clases necesarias para afrontar la realidad inmediata y las perspectivas futuras.

Remitimos a la propuesta hecha en agosto por la UMS para afrontar la coyuntura.

Un ajuste brutal de la economía capitalista se descarga sobre los hombros del pueblo argentino desde hace dos años, acelerado sin miramientos desde febrero último.

Lo aplica un gobierno sin base social propia, carente por completo de moral y luces. Así termina un engaño más en la historia de las luchas sociales en nuestro país. En manos del activo revolucionario está la posibilidad de que sea el último.

Desacatar

Cerrada esta edición se supo que el juez imperial declaró a Argentina en “desacato”. Otra vuelta de tuerca del gran capital a la carga.

Luego Cristina Fernández anunció un complot estadounidense para “impedirnos pagar”. Denunció también que yanquis y burgueses quieren “voltear” su gobierno” y que Estados Unidos quiere asesinarla.

Toda una novedad: el imperialismo asesina y conspira para que el gobierno no le pague al gran capital financiero. Griesa y Fernández son tal para cual. Argentina en sus manos está indefensa.

Semejante denuncia, en tono festivo y sin ninguna consecuencia práctica: nada de llamar a las masas a la calle, de proponer nuevas y superiores formas de organización para la resistencia frente a golpistas y asesinos. Por el contrario, en lugar de reunir a sus partidarios en la

Plaza de Mayo y lanzar un plan de resistencia, hizo cuatro discursos sucesivos: uno para la cadena nacional y uno para cada uno de los patios de la Casa Rosada, donde atendían sus adeptos. Es la máxima expresión de la ausencia de política frente a una denuncia que sería gravísima si no fuera, como es, una patética fantochada.

Una propuesta para salir de la división y el electoralismo

Llamado de la UMS en agosto último

Frente a las elecciones es posible terminar con las divisiones que impone el electoralismo.

Nos dirigimos a organizaciones y personas con las que tenemos conocidas diferencias: el Movimiento Socialista de los Trabajadores, la Unidad Popular, el Partido Comunista Revolucionario, el Frente de Izquierda y centenares de otros agrupamientos. Convocamos a todas las organizaciones y personalidades sobre una base programática cuyo punto inicial de referencia reproducimos aquí.

La clave para hacer posible esa unidad es desechar la idea de presentar candidatos al Ejecutivo Nacional y aunarnos en un gran proceso de elección primaria de precandidatos a concejales, legisladores, diputados y senadores. Y apoyarlos sin fisura en octubre de 2015. En lugar de un nombre para una candidatura presidencial imposible, proponemos reunir a figuras del más amplio espectro, representantes

o no de partidos, que en un simbólico Poder Moral para el futuro de Argentina, abrace a todos los precandidatos elegidos en primarias. (Vea el texto completo en Eslabón Nº 121: http://

www.uniondemilitantes.com.ar/2014/08/25/eslabon-121/

29 de septiembre de 2014

 

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